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Vanguardia, sí, cómo no

Eso no se vende en México. Eso ya pasó de moda. Eso lo hace esa consultora y lo hace con certificación. Lo deberías hacer así porque es mejor. Eso nadie te lo va a comprar porque

Eso no se vende en México. Eso ya pasó de moda. Eso lo hace esa consultora y lo hace con certificación. Lo deberías hacer así porque es mejor. Eso nadie te lo va a comprar porque no sirve. Y muchas otras frases que llevan al estancamiento en vez de a la innovación. Más bien, todo esto lleva a uno al mundo de los estereotipos y de los clichés pero poco tienen que ver con la realidad del mundo en el que uno vive. Curiosamente, aquí mi teoría, un soñador es muchas veces más realista que uno de los llamados a tener los pies en la tierra.

¿Por qué? Porque precisamente el soñador sabe volar y sabe imaginar un mundo de posibilidades. El realista piensa saberlo todo y se sabe dueño de lo objetivo. El soñador aspira a lo imposible porque sabe que todo es subjetivo. Y sabe que si alguien descubrió la Michelada, todavía hay grandes inventos por encontrar en este mundo de casualidades forzadas. El realista acepta que el mundo es como es, y así deberá serlo siempre. Y si no, qué sabrán los demás de lo que es, según él, real.

Y así llegamos a las vanguardias. Todas son importantes. No. Todas son útiles. Menos. Pero lo que sí es cierto es que todas las vanguardias las han seguido hasta los más realistas del universo. Y las han aceptado. El hipster es odiado por muchos. Pero solo hasta que todos usan gafas de pasta y jeans ajustados. En ese momento, todo es realista y la vanguardia se hace un sueño lejano. Las empresas son iguales. Solo falta tener esa pequeña chispa y ese gran esfuerzo de ir contra el mundo llamado Real.

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