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Una reflexión sobre nuestra Ciudad Gótica

Imagina un mundo en el que hay tanta basura que es imposible controlarla. La ciudad está en crisis. El crimen reina. Los políticos y la policía son parte de esta red de corrupción, y los que están hasta arriba de la pirámide solamente repiten una y otra vez lo que queremos escuchar, sin enterarse del daño que nos hacen, ya sea por mezquinos, por codiciosos o por ignorantes.

 

Un mundo en el que la gente que pide un dejo de empatía, de decencia, de bondad es tildada de loca, de inadecuada, de inadaptada. Solamente la vida de unos cuántos importa, la de los que tienen dinero, que es sinónimo de poder. Ellos son los que viven, mientras que el resto, sobreviven.

 

La voz de estas personas que están arriba es la única que se escucha, la que sale en la tele, la que se lee en los periódicos, mientras que los que están enfermos, no tienen recursos, una apariencia atractiva o la facilidad de desenvolverse socialmente, simplemente no existen. Son invisibles. Son tan invisibles que incluso dudan de estar vivos, porque a veces ni ellos mismos se pueden ver.

 

En ese mismo mundo ni tus propios madre y padre son honestos contigo, y mucho menos consigo mismos. Los secretos de familia se barren bajo el tapete, pues no vayan a pensar mal los vecinos, y la salud mental y emocional de lxs hijxs jamás se toma en cuenta, y es una cadena de negligencia emocional que jamás se rompe. El abuso también se mantiene en secreto, y el abusador es alguien que nosotrxs mismxs dejamos entrar a nuestra casa. El padre está ausente, y la madre tratando eternamente de sacar a sus hijxs adelante sin poder ocuparse de nada más, mucho menos de tener una vida propia.

 

En ese mundo se vive, o se sobrevive, con siete medicamentos al día para mantener un poco la cordura entre tanto odio, caos y dolor. El poder es heredado, igual que la fortuna, el derecho a la educación y a ser alguien en esta vida. Si no tuviste la suerte de nacer en una cuna donde te dieron todo lo anterior con una cuchara de plata, deberás pasar el resto de tus días siendo humillado en un trabajo que odias, pero en el que todos los días tienes que sonreír. Porque claro, no se te puede olvidar sonreír. Todo el tiempo. No importa cómo te sientas, simplemente sonríe.

 

No sé si hoy que me senté en una sala de cine estaba viendo The Joker o las noticias. Más allá de la espectacular actuación de Joaquin Phoenix, la producción impecable, la fotografía, la escenografía, el vestuario, el color, la música, la ambientación y todas las maravillas que seguramente van a leer por todos lados, el guión es una copia a carbón de la realidad de la mayoría.

 

¿Y el pueblo inconforme listo para salir a las calles para manifestarse? Hace un par de semanas fuimos testigos del movimiento estudiantil mundial más grande de la historia, por mencionar solamente un ejemplo de todo lo que se está moviendo.

 

Ojalá que algún día dejemos que nuestra locura, nuestras ganas de bailar, de bromear, que nuestrxs verdaderxs ‘yo’ salgan a pasear y de paso a romper este sistema que nos tiene deprimidxs, borrachxs y pegadxs a una pantalla, destruyendo la tierra y llenando nuestros vacíos con cosas inútiles mientras soñamos despiertos por tener lo único que realmente necesitamos: cariño, honestidad, conexión humana, comunidades amorosas, relaciones significativas.

 

Ojalá que no sea necesario recurrir a la violencia, a la locura, a los sedantes para voltear hacia adentro y convertirnos en esas personas empáticas, cariñosas, amables que esperamos que sean lxs demás con nosotrxs. Ojalá que podamos salir de la oscuridad y encontremos la fuerza para convertirnos en esos héroes y heroínas que estamos esperando que lleguen y nos rescaten. Solamente nosotrxs podemos hacerlo, y el momento para empezar es ahora.

 

Escrito por Daniela Valdez

@tintarojaeditoras

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