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El Síndrome de Alienación Parental como violencia, maltrato emocional y en contra de los derechos de los menores a un hogar feliz

La violencia hacia las mujeres ha cobrado muchas víctimas.  Lamentablemente, olvidamos que en muchos casos esta violencia tiene en su víctima a los hijos de parejas violentadas con el Síndrome de Alienación Parental, SAP.   El divorcio es

La violencia hacia las mujeres ha cobrado muchas víctimas.  Lamentablemente, olvidamos que en muchos casos esta violencia tiene en su víctima a los hijos de parejas violentadas con el Síndrome de Alienación Parental, SAP.

 

El divorcio es un proceso difícil y desgastante que lleva tiempo superar. Cuando hay hijos es importante asumir la pérdida como pareja sin perder de vista y cuidado el vínculo y roles de padres para reorganizarse en armonía como familia. Con este enfoque los hijos que viven el divorcio de sus padres apreciarán como un cambio positivo para la pareja su separación porque verán y aprenderán en los siguientes años cómo sus padres conservan un vínculo emocionalmente sano, amigable entre ellos y dentro de la convivencia familiar positiva en la que ellos pueden desarrollarse, dejando de atrás el desgaste emocional que existe en los momentos previos a los divorcios. Cuando se pierde el enfoque anterior sucede la Alienación Parental. El SAP es el conjunto de acciones que uno de los padres ejerce sobre el hijo para obstaculizar e impedir el vínculo entre el hijo y el otro progenitor. De inmediato el SAP produce el deterioro de la imagen y la desvalorización del padre o madre y tiene graves consecuencias en el desarrollo del hijo durante la niñez y más aún durante la adolescencia (entre los 12 y 17 años) ya que sucede justo cuando la personalidad del futuro adulto toma forma.

 

El SAP es violencia, es maltrato emocional y va en contra de los derechos de los menores. Sociólogos y psicólogos dicen que muchas veces debido al vínculo y empatía con la madre, la mayoría de los hijos no identifican ser violentados de esta manera, asemejándose así el SAP al Síndrome de Estocolmo. No obstante, la violencia viene frases tan comunes como: ¡Tu padre nos dejó, no nos quiere!, ¡No necesitamos a tu padre!, ¡Yo sí te quiero!, ¡Ya estás como tu mamá!, ¡Saliste a tu padre, igual de mujeriego!, ¡Tu mamá no sabe lo que dice! Estas y otras frases dañan no solamente la imagen del padre o de la madre sino perjudican el desarrollo infantil del pequeño. Todo ello repercute en la autoestima y seguridad del hijo porque un menor adquiere mayor seguridad al percibir entre sus padres armonía, estabilidad, valores y cualidades. La madre desarrolla el primer vínculo con los hijos debido a la gestación y al ser el primer contacto durante su nacimiento. Pero igual de importante es el rol de la figura paterna para el menor.

 

Es deber de los padres brindar a los hijos un ambiente sano para su desarrollo, fuera de problemas y responsabilidades que no son propias de su edad. Alienar, poner a los menores en contra de su padre solo propicia en ellos personalidad poco expresiva y distante. Torpes para relacionarse en su entorno. Creará resentimientos hacia el padre o la madre y por lo tanto el vínculo afectivo se debilitará. En lugar de ser una relación paternal basada en el respeto, amor, admiración y confianza, el padre será percibido como alguien ajeno, o con orden menor de importancia, con poca o nula autoridad y/o como simple proveedor. Lo mismo sucede con un discurso violento en caso opuesto.

 

 

Alienar a los hijos contra el padre, a mediano y largo plazo generará un sistema de apego y toma de decisiones del hijo condicionada a la aprobación de la madre. Este en su adultez será indeciso a la hora de establecer auténticos vínculos con la pareja. El reconocimiento de sus emociones y sentimientos será confusa debido la falta de confianza en sí mismo, pues inconscientemente el hijo adulto tiene presente el fracaso en uno de sus primeros y principales vínculos afectivos… el de su Padre. La violencia hacia la madre y su consecuente alienación parental puede verse fácilmente en el México en que vivimos. No hay que ir más lejos de nuestra propia realidad para conocer lo que ocasiona la violencia de género contra la mujer.

 

Escrito por Araceli Guerrero

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