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San Valentín y México sufriendo el desamor…

Querido México al parecer tú ex, ¡no nos ama! Y quizá por eso seguimos acompañados de los mejores vinos como los del Valle de Guadalupe en Baja California, y los de Parras de la Fuente

Querido México al parecer tú ex, ¡no nos ama! Y quizá por eso seguimos acompañados de los mejores vinos como los del Valle de Guadalupe en Baja California, y los de Parras de la Fuente y del Valle de Derramadero en Coahuila. Quizá por eso curamos la herida con el sotol de Chihuahua y con el mezcal de Oaxaca. Tal vez por ello caminamos tristes sin rumbo fijo hacia la Cantina Las Quince Letras en Zacatecas donde Carlos Monsiváis seguro dedicaría un singular pensamiento en respuesta a este dolor, y de fondo la música de Antonio Aguilar.  Luego en el Callejón del Beso en Guanajuato, recordaremos cuando más jóvenes la nación vecina acompañados de estudiantinas nos hacía tantas promesas. Dicen que las penas con pan son menos por eso habremos de disfrutar del mejor café de Veracruz y Chiapas, acompañado de un pan de pulque de Ramos Arizpe en Coahuila con cajeta de Celaya, Guanajuato. Admirando los murales de Siqueiros.

De pronto el paisaje del Popocatépetl e Iztaccíhuatl entre la CDMX y Puebla adornados por su talavera nos dice que es hora de dejar este desamor en el mar para que se lo lleve lejos y se pierda en las hermosas playas desde Los Cabos pasando por la Riviera Maya y hasta el Golfo de México. Y sí nos entra la nostalgia de aquellos besos visitaremos a Tequila en Jalisco, cuyos agaves siempre nos reciben con las mieles del amor y con las cuerdas del mariachi al Son de  la negra y la voz inolvidable de Jose Alfredo Jiménez, Javier Solís y nuestro Chente, cortando de tajo como en la jima tal desilusión. México sí te da frío y extrañas un abrazo, envuélvete en un rebozo de seda o en una cuera tamaulipeca. Y recuerda ¡otros amores vendrán!. Abrazarán a nuestros hombres y mujeres porque tenemos de todo como las nieves de dulce, tamarindo y chamoy, pero sobre todo gente cálida, inteligente y comprometida con su trabajo. Les encantará el típico “¡primo!”, “carnal”, “¡marchanta!”, “comadre”, “güerita”, “señito”, “paisa”, esas muletillas que cuando nos los dicen nos convierten en familia. Verán nuestros verdes valles, grutas, cascadas, serranías y cerros tan icónicos como el de La Silla en Nuevo León. Los que vengan amarán nuestra gastronomía al fogón y brazas con sabor a barro, peltre y acero como el atole de masa, la horchata, las enchiladas potosinas, asado de bodas, tamales en hoja de plátano, barbacoa de pozo, cabrito, gorditas de harina, tortilla de maíz pinto, las quesadillas, tlayudas, tacos al pastor, el tasajo, el mole, la salsa molcajeteada, los sopes, las tortas ahogadas, los zacahuiles y los mejores cortes de res del norte.

Ninguna nación puede negar enamorarse de nuestros anturios y nuestras cuetlaxóchitl (nochebuena) junto a las piñatas en época decembrina y que decir del cempazúchitl y sus altares de muertos en noviembre. Nuestras carcajadas y coqueteos con nuestra milenaria y querida amiga la calaca. Ninguna nación puede negar lo bello de los mexicanos esa franqueza golpeada pero alegre para hablar de los del norte, esa calidez y picardía de la gente del bajío y centro, ese amor por las tradiciones de los mexicanos en el sur. Imposible no enamorarse de nuestra historia, del valor de los hombres que la escribieron, de la magia y grandeza de Tulum, Chichén Itzá, Palenque, Tajín y de tantas etnias y pueblos mágicos, de nuestra raza de bronce la de verdad, nuestros mazahuas, mascabos, tarahumaras, kikapúes, purépechas y tantos más junto a su arte, talentos y enorme legado. De la fuerza que su pueblo tiene al profesar su Fe.  Sí México otros vendrán y se cautivarán por todo lo que eres. Te han amado antes y no eres fácil de olvidar.  Pero antes de que te enamores otra vez, antes de dejar que te endulcen el oído. Enamórate de ti, de tus paisanos, de la fuerza y mano de tu pueblo, de la riqueza de tu arte, ideas, recursos naturales y biodiversidad.  Después de todo dicen que así funciona esto del amor, y también dicen que ¡de amor, nadie se muere!

Escrito por Araceli Guerrero

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