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Salvar al planeta o morir en el intento

El cambio climático no es cuestión de broma. No es un tema que se deba quedar a la deriva y no es tema que se pueda tomar a ligera. Sin embargo, parece que así lo

El cambio climático no es cuestión de broma. No es un tema que se deba quedar a la deriva y no es tema que se pueda tomar a ligera. Sin embargo, parece que así lo es para la persona de a pie, la de diario y a la que le habla la televisión. ¿Es esto cierto? No me animaría a afirmarlo pero sí me atrevería a temer que sea verdad. ¿Nos debería importar a la sociedad evitar el cambio climático? ¡Por supuesto que sí! ¿Es este un problema más grande que aquellos que los que se viven en la cotidianidad? ¡Seguro! ¿Es así como lo percibimos? No. Y aquí es donde nos enfrentamos al verdadero problema con el cambio climático. Al parecer a nadie le importa que nuestro querido Popocatépetl y la bella mujer dormida, Iztaccíhuatl (que curiosamente significa “mujer blanca”), estén constantemente sin nieve que los cubra.

Pensamos que no nos afectará, de tal manera que podemos seguir viviendo como hasta ahora y que eventualmente llegará la solución. ¿Para qué alarmarnos! Para qué dedicar nuesro tiempo a problemas más grandes que los de conseguir trabajo, de la inseguridad en México, de la corrupción y de mil otros problemas. ¿Son estos problemas prioritarios? Son importantes, sí, pero en verdad dudo que sean prioritarios. ¿Por qué? Porque el impacto de la contingencia del cambio climático es tan catastrófico que cualquier problema se queda chico en comparación con lo que viene.

La regla de la administración de riesgo dice que no es posible evitar el riesgo sino mitigarlo o aceptarlo. Todo se trata en ver el impacto posible y la  contingencia de su ocurrencia. De reducir bien la contingencia o de mitigar el impacto. Pero estamos frente al mayor problema que enfrenta la humanidad total, sean ricos, pobres, de la ciudad, del campo, alemanes, sudafricanos, oaxaqueños, de la Narvarte, vegetarianos o taurinos. No querer verlo así es en realidad el sentimiento más trágico que podemos tener. Sin embargo, no hacer nada al respecto no es trágico, es más bien irresponsable y negligente.

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