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Reflexiones sobre la vida

Algún día entre los días, en lugares no tan lejanos de donde estamos, surgieron opiniones. Propias y ajenas: el ser humano varón y mujer determinó según su espacio geográfico y temporal las ideas y opiniones que construirían sus realidades. Siendo pues, la sociedad un constructo enteramente humano, hubo quien hábilmente supo definir con el alcance de su lucidez, los instrumentos de dominación que lo harían asimétricamente más poderoso que a los demás, buscando conocer los beneficios del poder, y conociendo a éstos, cual gula buscó saciarse más allá de lo que exige el cuerpo, absorber más poder, creando una desproporcionada figura fálica que elegía las vías en las que se manejaría la sociedad.

 

Consecuentemente aquellos brotes de nuevas espiritualidades, nuevos pensamientos y paradigmas, así como el surgimiento de reflexiones que intentaban descubrir cuál es nuestro fin último como especie (El súper hombre nietzscheniano, la trascendencia simple, el nirvana budista, inclusive la inmortalidad siendo las enfermedades y la edad defectos de la especie, una vez eliminados; entre otras tantas ideas) terminaron por encantar a éste hombre dominante y poderoso, o por el contrario, lo hicieron sentir un profundo rechazo cuando denotaron su esencia de ser proyectos diferentes al hegemónico. Fue así como adoptó lo que le servía y eliminó aquello que no coincidía con sus esquemas.

 

¿Y si damos un brinco largo en la historia de la humanidad y traemos a ese fálico monolito dominante a nuestros tiempos? ¿descubriríamos que en los pocos milenios de vida del ser humano gregario ha subsistido el mismo poder dominante adoptando características diferentes que lo hacen evolucionar al mismo tiempo que a la especie y permitiendo su prolongada vida y monopolio de la construcción social?

 

Necesitaríamos regresar a cada uno de los momentos en que se dieron por muy pequeñas que fueran, la luchas sociales, examinarlas e intentar determinar cómo se hizo indeterminado su poderío.

 

Estoy pensando en un supuesto que habría de ser verificado después: que cada momento en el que surgieron ideas opuestas a las de la hegemonía dominante, ésta hizo brotar sus propios ideales radicales y rígidos contrapuestos a toda lógica de sublevación. Entiéndase comunismo-capitalismo, machismo-feminismo, religión-laicidad, y otros grandes cismas, cada uno con los matices de los demás, me explico con un ejemplo: en el cisma comunismo-capitalismo hay bien determinadas posturas en pro y contra del feminismo, así como en cada uno de los bandos se encuentran religiosos y laicos.

 

Quizás todo intento de disidencia cuyo objetivo era igualar a los miembros de las sociedades era el opuesto directo de este poder monolítico y por no lograrse estructurar con una posición que realmente fuese contrapeso; así como la propiedad del poder dominante de amasarse y adaptarse a las condiciones que lo contextualizan, han logrado la permanencia de este poder que trasciende tiempo y espacio. No obstante manteniendo su estructura orgánica de una gran jerarquía, pues requiere de cúpulas estratégicas (religiosas, políticas, económicas, militares) que, como maquinaria la hagan funcionar, beneficiando a dichas cúpulas para asegurar su subsistencia.

 

Slavoj Zizek en su libro “En defensa de la intolerancia” propone lo siguiente: ¿y si el ser humano requiere de un poco de intolerancia para mantener la calidad de disyuntiva de la política siendo la política misma un poder constructor? Imaginemos que hay tolerancia plena de todos los grupos, homogénea, entre mujeres, comunidad LGBT+, ricos, pobres, indígenas, migrantes, etc. La consecuencia es que entraríamos a un estado cuasi anímico de pospolíticaeliminando antagonismos y pluralismos, sirviendo así a dicho poder hegemónico como instrumento de dominación. Pues no habría política creadora, vaya, sería el fin de la política misma.

 

Pero qué tal, imaginemos que Zizek está equivocado y que lo que realmente necesitamos es que en el próximo cisma haya una inclinación social casi total por un lado de la balanza, haciendo que el poder hegemónico pierda cuando menos su equilibrio (que por cierto, está sujeto con alfileres). Primero tendríamos que identificar bien de qué lado la inclinamos, e inmediatamente después cambiar el chip ideológico de los que sirven al gran falo.

 

Lo explico con ejemplos: en el renacer del movimiento feminista en el siglo XXI, también hay un brote opuesto, que le sirven al poder -grupos publicitariamente denominados provida-, así como una vertiente machista, y un fanatismo de la religión que por cuestiones geográficas y tradicionales se oponen a la liberación femenina. Entonces esquemáticamente podemos ver esto:

 

Sublevación de los oprimidos

Política Poder hegemónico
Movimiento feminista

Concilio

Pro-vida

Machismo

Fanatismo religioso

 

O en lugar del feminismo, podemos enmarcar en esa casilla la completa adopción y respeto de los derechos humanos hacia la comunidad LGBTTTIQ y encontraríamos que los mismos organismos son utilizados en forma de instrumentos hegemónicos como opuestos. Esto nos dice que frente a toda vertiente radical y disidente, el poder recurre directamente a más de una vertiente radicalmente opuesta.

 

La consecuencia de esto es que vivimos en un estado constante de política, buscando el concilio entre radicalidades, esto quiere decir varias cosas: que la política es un instrumento de perpetuación del poder. Que la política también tiene un papel fundamental obstaculizando la violencia emanada de los choques entre grupos. Que la construcción y adaptación del poder es lenta pero constante, es decir, que no nos debería sorprender el hecho de encontrar en los años venideros leyes globales que defiendan a la comunidad LGBTTTIQ y a las mujeres, pues estaremos entrando en una nueva etapa de ésta hegemonía.

 

Aunque bien es cierto que no podemos eliminar este gran poder determinante, si podemos empujarlo a la consecución de nuestros derechos, nuestros ideales y nuestros intereses. Recordemos que está sujeto con alfileres.

 

¿Cuál es la conclusión? Dejar o eliminar la política. Tolerancia o intolerancia. De qué lado del cisma posicionarnos. Buscar cambiar al gran poder dominante o mantenerlo a raya. Qué poder totalmente opuesto al hegemónico y falocentrista es posible adoptar, ¿alguno plenamente igualitario? La reflexión es tuya.

 

Escrito por Francisco Vega Oviedo

 

 Estudiante de ciencias políticas

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