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¿Qué tan fiel eres a tus ideales?

Claro, puede que inmediatamente hayas pensando que indudablemente la respuesta es sí, pero ¿estás seguro? Esta idea de la fidelidad a uno mismo y en lo que crees ha estado rondando mi cabeza por días. Si lo piensas, aunque sea solo unos minutos, quizá te des cuenta que los ideales siempre deberían ser nuestros pilares, aunque la manera en que los alcanzarás podría ser lo único cambiante.

 

Pero, ¿qué sucede cuando sientes que justo las decisiones que has tomado, al contrario de lo que creías, te han alejado cada vez más de tus sueños? Creo que no es justificable el decir que a veces las circunstancias que se te presentan, de cierta forma te llevan a lugares en donde jamás creíste estar. Cada una de tus decisiones, por más pequeña o grande que sea, trae consecuencias que puede que notes de inmediato o no, pero son las que te direccionan. Lo que sí sucede y a veces sin que te des cuenta, es que entre los giros de la vida y el ocuparte de lo que crees importante en el momento, tus ideales pasan a segundo plano, no es que dejen de importar por completo, sino que crees que habrá tiempo después para llegar a ellos.

 

Tiempo. Algo que es tan subjetivo, mientras unas personas pueden sentir que pasaron horas, para otros serían sólo pocos minutos. Tiempo. Esto que se nos va de las manos si dejamos de prestar atención. Tiempo. Lo que creemos poder recuperar después. Tiempo.

 

Es cierto que a lo largo de la vida y las circunstancias, debemos cambiar, evolucionar. De no ser así, corremos el riesgo de quedarnos abajo de la increíble montaña rusa que es la vida y nos convertimos sólo en los espectadores que impacientemente buscar su turno.

 

¡Súbete a la montaña rusa!

 

No tengas miedo de tomar decisiones, arriésgate y siempre ten claro que tus ideales son los que deben direccionarte. Que la única justificación en la que pienses no surja de un arrepentimiento, sino de la gratitud hacia ti mismo por haberte llevado a las situaciones en donde más aprendiste, aunque quizá sean en las que llegaste a sentir que perdías el rumbo.

 

Piensa detenidamente en las decisiones que has tomado y te han llevado justo en donde estás ahora. ¿Es realmente en dónde quieres estar? Si la respuesta es no, encuentra el coraje para cambiar de rumbo. Si eres de los afortunados que lo está, aprovecha todo lo que puedas y busca la siguiente decisión que te llevará un paso más cerca a tus ideales.

 

Entonces, dándole una pensada, ¿realmente puedes decir que eres fiel a ellos?

 

Escrito por Laura Mendoza

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