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Prepara las maletas

Quizá vas a juzgarme por mi decisión pero al final estoy segura de que me entenderás. Dolían los días en casa, dolía recordar cómo nos enamoramos, cómo me conquistó. ¡Qué días aquellos! Omar, mi esposo, siempre me despertaba

Quizá vas a juzgarme por mi decisión pero al final estoy segura de que me entenderás. Dolían los días en casa, dolía recordar cómo nos enamoramos, cómo me conquistó. ¡Qué días aquellos! Omar, mi esposo, siempre me despertaba con un dulce beso. Y al abrir los ojos allí estaban los suyos, con esa mirada casi celestial. -Te amo- me decía al oído.

 

-Es el mejor hombre del mundo, encajan a la perfección, no cabe duda – Decía mi madre, y prácticamente, lo decía todo el mundo.
¡Cómo había pasado el tiempo! Años juntos y él seguía siendo el mismo hombre dulce, atento, detallista. En realidad me amaba.

 

No se imaginan cuánto pensaba y analizaba como decirle todo a Omar. Buscaba las palabras correctas, las menos hirientes. No podía sola con eso pero tampoco podía contárselo a nadie, al menos no todavía. Pero ese día no pude más. Mi amoroso esposo me envió flores a casa con una tarjeta que decía “bella dama, paso por usted para ir a cenar”. Al leer las palabras que él mismo había escrito, rompí en llanto y subí a mi habitación.

 

-Buenas noches – lo escuché decir desde la entrada – ¿Lista para irnos amor?
-Estoy lista, pero no iré contigo. No puedo seguir con esto, ya no me siento yo misma.
Se quedó inmóvil, estaba tan blanco como una hoja de papel.
-¿Qué dices?, ¿qué significa esto? – él sólo miraba confundido las maletas que tenía junto a mí.
-Omar, me voy. Perdóname pero ya no te amo. Y no es justo para ti que yo siga contigo. En realidad, no es justo para ninguno de los dos.

 

Sin más, subí las maletas a mi auto y me fui.     – ¡Espera! – Lo escuché gritar.

 

Ni yo entiendo qué y cómo paso. Omar siempre fue bueno pero ya no me sentía completa y había cosas que yo quería realizar y lo extraño era que no lo contemplaba a él en mis planes. No sé cómo explicarlo, quizá medio mundo me odie pero al fin, me sentí yo, libre, viva, plena.

 

¿Qué es más difícil, dejar de amar o que dejen de amarte? Ambos sufren pero creo que lo más difícil es decirle a quien todos los días te demuestra amor que ya no le amas. Si has dejado de amar, si ya no estás enamorado o enamorada, lo mejor es renunciar. Ya sea a ese trabajo, ese proyecto, ese sueño o a esa persona, quizá suene egoísta pero a veces nos confundimos con los comentarios de los demás:

 

– Es un buen trabajo… Quien no arriesga no gana… Es justo lo que necesitas… Es la pareja ideal para ti…

 

No esperes a que llegue el próximo fin de año. Haz tus maletas y vete si es lo que quieres. Viaja, quédate en casa, baila, lee, canta, grita, llora, ríe, dile lo que piensas, lo que sientes. Quiérete, piensa en ti, no abandones tus sueños por construir los de alguien más. Quizá  sea doloroso para los demás  pero créeme que con el tiempo será aún más doloroso para ti. Son tus decisiones, tu eliges  ¿Quieres vivir enfrascada? ¿O ya estás pensando en preparar las maletas? 


Escrito por Karina Rojas Pérez

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