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¿Por qué el impacto social sigue sin entenderse bien?

Hay una cosa muy curiosa cuando se habla de impacto social y de su medición. Lo obvio son  las teorías de cambio, el análisis de materialidad, la población objetivo y otras cosas más. Sin embargo,

Hay una cosa muy curiosa cuando se habla de impacto social y de su medición. Lo obvio son  las teorías de cambio, el análisis de materialidad, la población objetivo y otras cosas más. Sin embargo, existen pocas empresas o instituciones que se dedican profesionalmente a medirlo y aquellas que lo hacen, sus metodologías son de lo más heterodoxo. Por supuesto que existen estándares mínimos para medirlo pero también es cierto que existe siempre una duda de qué es lo que se puede medir, cómo medirlo y cómo presentar su resultado.

Uno de los mayores problemas de la medición de impacto social es saber a la perfección el impacto que generará  actividad a realizar y el resultado esperado a nivel socioeconónimo/cultural. Para conocerlo se requiere conocer quiénes estarán involucrados (los famosos stakeholders) y por qué un cambio es positivo para ellos, o bien negativo. Aquí es donde precisamente las consultorías hacen que todo sea difícil. Justifican que el impacto social solo se puede realmente hacer a nivel cualitativo y no cuantitativo, y a partir de dicha restricción, se solicitan horas y horas de consultoría para realizar entrevistas, análisis, diagnósticos y mil cosas más que hacen que un proyecto prefiera prescindir de su análisis que invertir en él. Lo que olvidan las consultoras, y aquí viene lo más interesante, es la innovación en la medición de impacto, la cual ya de por sí es innovadora.

Y cuando digo innovación no quiere decir desechar todo lo recorrido hasta ahora sino aprovecharlo y entender el problema. Que alguien me venga y me diga que lo cualitativo no puede hacerse cuantitativo, me deprime porque sé de antemano que no es cierto, por más complejo que sea el problema. Que alguien me diga que no hay forma de hacer una metodología sencilla y barata para medir el impacto social que podría tener una empresa o proyecto me decepciona bastante. Y por el otro lado, el creer que el impacto social se mide por la cantidad de empleos que se generan o por la mera cantidad de personas que se benefician de una actividad, me entristece. Es nuestra tarea como consultores responder a la pregunta: “cuánto me va a costar la consultoría de impacto social” con algo directo “es tanto y abarca esto” y no decir, “depende de lo que quieras”. ¿Por qué? Porque de entrada, ya le es difícil a una empresa venir a analizar su impacto para todavía hacerle el trabajo más complicado.

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