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¡Para qué ir al doctor…si ya sé lo que me duele!

Todos los seres humanos nacemos con un especie de chip o más bien un protocolo de instrucciones para poder actuar en este mundo. Igualmente lo tienen los animales. Sin embargo, en el ser humano este

Todos los seres humanos nacemos con un especie de chip o más bien un protocolo de instrucciones para poder actuar en este mundo. Igualmente lo tienen los animales. Sin embargo, en el ser humano este chip tiene una particularidad: un lenguaje sofisticado. ¿Y qué tiene que ver todo esto con las empresas? La respuesta radica en que ese chip de inteligencia, llamado inducción y deducción, nos hace pensar que las cosas que ya han pasado, suelen volver a suceder. Pero además, sumando que tenemos la capacidad de hablar, eso nos da la posibilidad de transmitir conocimiento desde nuestra experiencia: a ciertos males, ciertos remedios, y si me sucedió a mí, seguramente a ti también.

¿Qué pasa cuando vemos que ese chip no es tan irrefutable como podría serlo? ¿Qué sucede cuando encontramos, uno, nuevos problemas que nunca antes habíamos enfrentado, y dos, cuando pensamos que el remedio para la enfermedad es uno, cuando en realidad es otro? En otras palabras, ¿qué sucede frente a lo nuevo y a lo desconocido? Nos puede doler la cabeza pero si no fuéramos al doctor, no sabríamos que éste es solo un síntoma de un problema localizado en el estómago, en el riñón o en cualquier otro lugar. Podemos tener tos pero esto puede esconder una enfermedad mayor que la de tener la garganta irritada. ¿Qué sucede cuando ni siquiera sabemos qué nos duele, porque nos duele todo, y por lo tanto no podemos pensar en un remedio alguno?

Esta es la maravilla del lenguaje: nos permite expresar dolores y proponer remedios a otros a partir de experiencias diferentes. La experiencia del doctor es que ha estudiado medicina y vive día con día estudiando casos similares. Por ello vamos al doctor para que nos diga, no qué nos duele sino por qué y cómo remediarlo. Las empresas son iguales. Nos puede doler el área de rentabilidad pero realmente el problema se encontraba en el riesgo. Podemos pensar que estamos bien en impacto social pero en realidad no, además de carecer de buena contribución ambiental. Tal vez tenemos buena salud financiera pero nuestra gobernanza está muy mal ocasionando poca resiliencia empresarial. Por ello, vamos a consultores o a Prometeo Sustentable. Para que nos digan qué hacer y cómo para remediarlo.

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