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Moral hasta donde nuestra inmoralidad lo permita

Meses atrás fui testigo de una manifestación a favor de la llamada lactancia pública y vi a varias mujeres con el pecho/seno de fuera pegándose a sus bebés. Algunas alimentándolos cariñosamente. Otras, aún y cuando los

Meses atrás fui testigo de una manifestación a favor de la llamada lactancia pública y vi a varias mujeres con el pecho/seno de fuera pegándose a sus bebés. Algunas alimentándolos cariñosamente. Otras, aún y cuando los bebés dormían profundamente y sin ánimo de lactar, exhibían su seno. Muchas me pedían solidarizarme con ellas mientras yo respondía que, si bien estaba a favor al derecho a la alimentación de un bebé, sentía que era cuestionable el que todas trajeran un seno de fuera. No dudo que haya sido un símbolo de manifestación pacífica y por ello no era amoral ni violaba el código de buenas costumbres ni algún otro previsto por la ley. Pero hoy miles de personas marchan en contra de otros solo por no tener la misma preferencia sexual. Es, también para las mismas personas, negativo brindar un hogar a los menores que por diferentes circunstancias están en un albergue con cuidadores y maestros por turnos.

Un niño tiene el derecho a crecer en un hogar donde se le provea de lo necesario para su desarrollo. Si en verdad se pretende velar por los intereses de los menores, tal vez deberíamos acudir a las casas cuna/hogar donde faltan brazos para abrazarlos o donde hay un cuidador por cada 40 o 60 niños. Deberíamos de observar y conocer la dinámica de día de un menor en una institución y preguntarles su sentir, escucharles y entenderles, saber y comprender sus necesidades. Habrá niños que deseen tener un papá y una mamá y otros dirán que desean un hogar, de la forma que sea. Otros más incluso imaginan hermanos. Y en los casos más difíciles encontraremos niños cuya experiencia de su familia, ya sea con mamá o papá fue tan desafortunada y dramática que no desean ser adoptados. Visité una casa hogar y el pequeño Carlitos cuya madre murió cuando él tenía 5 años (hoy tiene 8 años) mencionó respecto a su hogar ideal: “Yo quiero tener una mamá, no me importa si no hay papá pero una mamá. ¡imagínate dos mamás que me cuiden a mi solito y una abuelita que cocine sopita y pasteles!”.

Apelamos a que los menores tengan una buena formación pero nuestro es ser moral hasta donde nuestra moral nos lo permita. No más. ¿Que tan congruentes en nuestro ejemplo podemos ser en situaciones como la de la lactancia, la de la gimnasta olímpica en Río, en el caso de Trump y su visita a México y en el caso de la adopción? Será inmoral que un ciudadano, una persona productiva, en pleno ejercicio de sus derechos y facultades, con estabilidad emocional, psicológica, socioeconómica, solicite su derecho a ser padre y aún mejor hacerse responsable de un menor que hoy no tiene más oportunidades que las mínimas aceptables hasta sus 16 o 18 años. ¿Hasta dónde llega nuestra moral selectiva que nos gusta etiquetar a las personas sin ver todo el beneficio que pueden crear? ¿Hasta dónde puede llegar nuestra inmoralidad y egoísmo y superponer nuestras ideas sobre las necesidades y derechos de un menor o de miles de menores que ni siquiera conocemos y que seguramente no llegaremos ayudar ni siquiera a uno.

Escrito por Araceli Guerrero

Sí te interesa apoyar a menores sin hogar busca en tu ciudad alguna ONG, o busca una en el portal del Centro Mexicano para la Filantropía CEMEFI 

Editado por Resilientemagazine

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