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Los riesgos de la carretera cuando salimos de vacaciones | Fundación Michou y Mau

Es finalmente verano y los niños terminaron su escuela. La vacaciones llegaron y toda la familia puede irse a descansar a la playa. Tomar sol, caminar por la playa y jugar con los niños es

Es finalmente verano y los niños terminaron su escuela. La vacaciones llegaron y toda la familia puede irse a descansar a la playa. Tomar sol, caminar por la playa y jugar con los niños es la forma perfecta para descansar del estrés de la ciudad y del trabajo. También es la mejor forma para que los niños descansen de las tareas, de levantarse temprano, de los uniformes y puedan dedicarse a jugar todo el día. Son vacaciones y son muy merecidas. Ahora solo falta terminar de juntar los detalles de reservaciones de hotel, preparar el viaje con sandwiches y un par de refrescos, llevar dos almohadas para que los niños puedan dormir y recordar buenos juegos y canciones para el camino. Salimos a las 5 de la mañana para no tomar tráfico y poder tomar carretera tan pronto sea posible. A esa hora las casetas no estarán tan llenas y podremos llegar a la playa para desayunar. Todo es perfecto aunque la suegra se haya autoinvitado al plan. No pasa nada. Lo importante e llegar a la playa.

 

Son las 5 de la mañana y los niños somnolientos y a medio despertar suben al coche todavía en pijama. Mi esposa es mi copiloto y controla los bocadillos. Compró, en su arrebato de felicidad por vacaciones, galletas, papas fritas, gomitas y dulces de todo tipo. Hasta empacó una hielera llena de paletas de hielo porque se imaginó ya disfrutar el calor de la playa a medio camino. Por fin, los niños se acomodan y antes de avanzar una cuadra, los dos pequeños han caído dormidos. Lo mismo sucede con la suegra. Solo queda el amanecer frente a mí y mi esposa sonríe de la emoción por sentir la brisa del mar en su rostro, pedir room service y correr en la playa por las mañanas para no romper su rutina de ejercicio.

 

El sol ha salido y comienza a calentar la carretera. La mañana adquiere un tono grisaseo que promete un sol espectacular de verano una vez que la humedad del camino, dejada por la llovizna de la noche anterior, se disipe. Faltan dos horas para llegar y los sandwiches se han acabado. Los niños patean los asientos traseros porque comienzan a cansarse del camino. La suegra comienza a molestarse porque mi esposa no logra controlar los movimientos bruscos de mis hijos. Mi esposa grita a los pequeños para que uno deje de pegar al otro en el antebrazo. El sol comienza salir y mi hijo menor se estira molesto soltando un puntapié a la palanca de velocidades.

 

Estábamos pasando una curva cerrada y venía acelerando para salir de ella pronto. Cuando sentí un gran tronido en el coche, ya era tarde para recuperar el control del coche. No pude hacer nada más que mirar en el retrovisor a mi hijos y ver en sus caritas cómo sus ojos se hacían cada vez más grandes. Sujeté a mi esposa mientras trataba con mi otra mano de sujetar el volante. Pude ver cómo la carretera dio dos vueltas completas hasta que el coche paró su movimiento ayudado del muro interno de contención. Miré la cara de pavor que tenía mi esposa y miré de nueva cuenta el retrovisor. Todo estábamos bien y todo fue un susto gracias a que todos traíamos cinturón de seguridad. Hasta que vi a mi hijo señalar algo por la ventana izquierda. El golpe fue seco y nos aventó hasta un extremo de la carretera. Mi esposa se golpeó en la cabeza, mi suegra gritaba de dolor y mi hijo mayor lloraba mientras que el otro estaba totalmente pasmado, sin moverse. No tardó en sentirse un calor abrumador que venía desde el frente del coche. Lo sentí en las piernas y después en el rostro. Miré hacia adelante y el camino vibraba rápidamente causado por el calor del fuego que salía del cofre. Mi esposa gritó que había fuego pero señaló la parte trasera del coche. No importa cómo pero debía  sacar a mi familia del coche y alejarlos del fuego. 

 

Escrito por Roberto Carvallo Escobar

 


Desde 1998, la Fundación Michou y Mau para niños quemados se dedica:

–  Al traslado de niños en riesgo de perder la vida por quemaduras al Hospital de Shriners Galveston o a las unidades especializadas en México.

– A la atención de niños con secuelas de quemaduras a través de diferentes apoyos como: revisiones médicas subsecuentes en clínicas de valoración que se dan en diferentes Estados, tratamiento psicológico para los pacientes y sus familias, ayuda para las prendas de presoterapia, traslados, alojamiento en albergues durante su estancia para las revisiones médicas, etc.

– A la creación de Unidades de Alta Especialidad en la Atención de Quemaduras en México

– La capacitación de profesionales de la salud: médicos, paramédicos, TUM, enfermeras, personal de rescate, etc.; para brindar atención especializada en quemaduras

– A prevenir a través de la Campaña Nacional de Prevención “No TQuemes” que cuenta con material audiovisual y didáctico para que aprendas con los más pequeños de la casa como no quemarse o qué hacer si tienen algún accidente que pueda provocar quemaduras 

Haz clic aquí si quieres conocer más de cómo prevenir quemaduras.

Conoce más de Fundación Michou y Mau en nuestra web www.fundacionmichouymau.org   y en nuestras redes sociales: 

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 Tu donativo nos puede ayudar a salvar una vida de un niño quemado. Haz tu donación aquí o puedes realizarla directamente en el banco Citibanamex en la cuenta Núm. 4153654 sucursal 298 a nombre de Fundación Michou y Mau I.A.P., clabe interbancaria 002180029841536548

 

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