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La riqueza se hereda… la pobreza también | Centro de Estudios Espinoza Yglesias

El Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) ha realizado la labor de emitir informes de Movilidad Social que son relevantes para conocer nuestra realidad y saber cómo modificarla mediante propuestas de política pública. El presente artículo se basa en la información que contiene el informe de movilidad social 2019.

 

En toda sociedad, resulta casi predictible que la mayoría de los padres (sea cual fuere la composición de la familia) heredarán un legado a sus hijos. Este legado les ofrecerá un piso mínimo de bienestar, o una fortuna de grandes magnitudes, o un esquema de pobreza en el que vivirán por el resto de sus vidas. Esto genera desigualdad de oportunidades que empobrece y limita la movilidad social. En cambio, si todos partiésemos con la misma cantidad de recursos, la movilidad se volvería completamente dinámica y dependería de los esfuerzos y el mérito de cada quien para subir en los estratos.

 

En veinte años, los 500 más ricos del mundo heredarán más de 2.4 trillones de dólares. La fuente de su riqueza es una suma de tres factores, pues dos tercios de los billonarios generan su riqueza a partir de la herencia, los monopolios y amiguismos (Oxfam, Reward work, not wealth). Lo que resulta coherente si lo pensamos, es que no hay mediciones posibles para observar cómo se hereda la pobreza o las carencias sociales.

 

El futuro de las personas no debe estar condicionado por género, orientación sexual, color de piel, origen étnico, nacionalidad y mucho menos por la condición socioeconómica que heredan de sus padres. Pero la realidad es otra: “74 de cada 100 mexicanos que nacen en la base de la escalera social, no logran superar la condición de pobreza. En cambio, 57 de cada 100 de quiénes nacen en hogares del extremo superior de la escalera social, se mantienen ahí el resto de su vida” (CEEY, pp.18)

 

La propuesta del CEEY para combatir este problema es clara: indicarle al gobierno que el diseño de las políticas públicas y sus instrumentos deben estar fundamentados en la creación de un piso mínimo de oportunidades iguales para todos, así como liberar el potencial de todas y todos. Para ello hay tres ámbitos en los cuales resulta urgente actuar: en la educación, en la salud y en la protección social.

 

En cuanto a la educación se busca la universalización y mejora de la calidad del aprendizaje y la pertinencia de la educación en todos los niveles. Dos directrices a seguir son: “un federalismo educativo; es decir, una redistribución del presupuesto que beneficie a los territorios del país con base en las necesidades que cada región presente.” Y “un mecanismo amplio para facilitar la transición de los jóvenes de la escuela hacia el mercado laboral, procurando que siempre completen el ciclo educativo.” (CEEY, pp.21)

 

En materia de salud, fortalecer el sistema nacional de salud, volviéndola accesible y universal, incluyente, integral, con equidad y sustentabilidad. Poniendo énfasis en los primeros años de vida. En la protección social se requiere de un sistema de seguridad social universal y sostenible. Dos de sus tareas más importantes es velar por generar condiciones de vida digna para adultos mayores y de los niños.

 

Nuestra tarea como ciudadanos es exigir y vigilar que esas políticas públicas se cumplan adecuadamente.

 

Esta es una colaboración entre Resiliente Magazine y Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

 

Escrito por Francisco Javier Vega Oviedo

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