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La democracia mal planteada; lo que ayer aprendimos

El problema no es la democracia ni la corrupción ni la apatía de las personas. O por lo menos no sería justo decir que este es el problema central de por qué llegó Trump a

El problema no es la democracia ni la corrupción ni la apatía de las personas. O por lo menos no sería justo decir que este es el problema central de por qué llegó Trump a la presidencia de Estados Unidos, o bien de cómo es que Rajoy sigue en el poder, o que no se logre sacar a Maduro, o que muchos de los peores políticos estén siendo elegidos por representación popular. México es igualmente un buen ejemplo de cómo la Democracia, o por lo menos la forma en la que la practicamos, es bastante engañosa además de ser estratégicamente antidemocrática. Claro está, todo en beneficio de unos cuantos, de como se le quiera llamar: clase alta, casta política o como sea. ¿Por qué tenemos esta sensación de tristeza cuando escuchamos resultados como los de ayer, los de México, los de Venezuela, los de España, los del Brexit, etc.? Y la crítica fácil  es la crítica a la democracia como sistema que no funciona. Por supuesto que sus argumentos están llenos de falacias en concluir que el problema es la Democracia pero curiosamente, tienen algo de razón en un punto que definitivamente se le pasa desapercibido: el problema no es la democracia sino la forma de entenderla en los gobiernos actuales, en nuestros sistemas electorales y en general, en nuestros sistemas políticos.

Y más curioso es que nuestro sentido común (basado en literatura básica) nos dice que la democracia es la elección del pueblo, o bien de la mayoría. Este proceso lo hacemos cada día cuando preguntamos a la familia qué película ver en el cine, a qué restaurante ir, qué destino tomar en vacaciones, qué tipo de vino queremos o qué tipo de música escuchar durante el tráfico. Normalmente, las resoluciones de estas preguntas se dan por la elección única de la mayoría y del liderazgo de uno de loos miembros (padre o madre de la familia) que sirve para resolver disputas cuando hay empates. Hasta aquí todo muy claro.

El problema es que cuando llegamos a la escala macro nos encontramos en que la democracia o más bien el concepto de democracia que conocemos se diluye en un sistema que si bien es confuso, es también antidemocrático. Por supuesto que el sistema electoral asegura que cada persona pueda elegir, con su voto, a la persona que desea para ser representado. Y en un mundo perfecto en el que toda la población votara, que se le permitiera votar y que activamente lo haga, posiblemente los resultados serían otros que los que vemos. Pero esto no existe en el mundo real. Ni los países permiten a toda su población votar por una u otra razón y no todos los que pueden, lo hacen. Esto se suma al problema de no entender muy bien qué significa una palabra tan sencilla como la democracia. Trump ganó con 50 millones de votos (alrededor), Rajoy tuvo un 30% a favor (no de la población real sino representativa), y en México, el gobierno ganó con 19 millones de votos de los 79 millones posibles, de los 115 millones de mexicanos que somos. En lo que la democracia falla es que el ganador sea el que tenga mayor cantidad de votos entre los concursantes lo cual no es lo mismo a decir que quien gana es quien quiere la población realmente. En pocas palabras, piénsalo de esta forma: ¿cuánta gente no quería que ganara Turmp? Por lo menos otros 50 millones, y otros muchos más que posiblemente que no pudieron o decidieron votar. Es decir, solo es el 15% de la población de un país es el que decide candidato. El resto, el 85%, o votaron en contra de él, o no votaron, o no pudieron votar. Y este es el problema con la democracia porque en realidad, esta no es significa que el que gane sea el que tenga más votos dentro de un conjunto limitado de opciones sino el que la mayoría desee. El Apartheid en Sudáfrica se decidió con la votación de 800 personas. Eso marcó a todo un país casi 5 décadas. Su instalación fue totalmente democrática porque solo pudieron votar unos cuantos y evidentemente, obtuvieron más votos que las otros opciones.

Escrito por Roberto Carvallo Escobar

Director General de Terraética, Co-fundador de Prometeo Sustentable

y escritor de La rebelión de los pelones

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