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La Capilla Sixtina en México

El sábado pasado pude asistir a la exposición de la Capilla Sixtina en la CDMX y salí de ahí sin palabras dado el impacto que me generó. Fue sencillamente una experiencia fascinante pero no fue

El sábado pasado pude asistir a la exposición de la Capilla Sixtina en la CDMX y salí de ahí sin palabras dado el impacto que me generó. Fue sencillamente una experiencia fascinante pero no fue todo solamente ir y disfrutar de la edificación, de los murales digitales o de la curación de todo sino lo que más me llamó la atención fue el logro de haberlo hecho, de hacerlo en México y del impacto que tendrá. Es en verdad, para todos los que trabajamos en proyectos sociales o proyectos de impacto, un método 2.0, es decir, una lección de cómo hacer las cosas y hacerlas bien.

La idea es muy simple: cómo llevar la experiencia de ir a la Capilla Sixtina a la mayor cantidad posible, sobre todo por ahora, de mexicanos. Y es así como se fue gestionando el proyecto. Se pasaron 170 o más noches dentro del Vaticano, tomando más de 2 millones de fotografías, usar toda la tecnología posible, y finalmente, hacer una copia fiel de la experiencia del Vaticano, sin salir de la CDMX. Obviamente la experiencia es limitada puesto que uno no sale a las calles de Roma ni puede visitar San Pedro, ah, y todos los murales son impresos en telares y no son frescos renacentistas. Sin embargo, la experiencia es genial. La curación es tan cuidada y la creación es tan perfecta que hace pensar en el trabajo que tuvo que llevarse el lograr dicho proyecto. Y aquí es una de las partes más importantes de la Capilla Sixtina en la CDMX: es un proyecto mexicano rompedor muy bien hecho, que supera por mucho otros proyectos internacionales predilectos de nuestros queridos malinchistas.

Y la segunda parte del éxito es su impacto. Muchos dirán que ir al evento no podría por nada ser parecido como ir a la original por obvias razones. Pero curiosamente, mucha de esa gente crítica sí ha ido al Vaticano. ¿Y cuánta gente en México puede presumir de haber ido al Vaticano, por lo menos una vez en su vida? Si uno vive en su burbuja, uno dirá que son muchos los mexicanos que pueden viajar. Si uno vive en la realidad del contexto mexicano, uno agradece que existan estas oportunidades para que los mexicanos que no tienen pasaporte (los más), puedan vivir de una manera muy exitosa una experiencia tan única como ir a la Capilla Sixtina. El proyecto tiene todo: impacto social, modelo novedoso, tecnología, vinculación, sencillez de sus creadores, etc. En verdad, un total éxito. Tuve la oportunidad de saludar al líder del proyecto, Antonio Berumen, y felicitarlo agradecidamente.

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