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Historia de muchos | Fundación Michou y Mau

A las 12 de la noche despertó mi hijo. Le dolía el brazo y la espalda. La enfermera abrió la puerta como si estuviera esperando que mi hijo abriera sus ojos, como si supiera el

A las 12 de la noche despertó mi hijo. Le dolía el brazo y la espalda. La enfermera abrió la puerta como si estuviera esperando que mi hijo abriera sus ojos, como si supiera el instante en que el dolor llegaría. Entró y sin decir palabra sacó del bolso de su bata una jeringa y una pequeña solución. “Es para que duerma mejor”, me dijo. Imaginé por un momento que el medicamento volvería a llenar el suero que hidrataba a mi hijo mientras la enfermera miraba su reloj. “¿Te duele mucho?”, preguntó al pequeño. “Sí, me duele mucho el brazo”, respondió.

 

“No deja de sonreír, es lo que más me llama la atención”, le dije a mi esposa. Cada noche ella rezaba para que la operación tuviera resultados. En la tercera noche, me uní a sus plegarias. Mi hijo, ya dormido, tenía vendado su brazo y tenía que dormir boca arriba usando un peto especial. Le costó acostumbrarse mucho. Lo observé muchas veces girar en la cama y nunca dejé de sentirme culpable por despertarlo para que no se moviera. Fueron muchas noches en vela pero en unas semanas, dejó de moverse por las noches. Aun así mi esposa dormía en su habitación. Despertaba con movimiento del niño para evitar dañar sus curaciones.

 

Hoy salió de su operación. Es la novena operación y cada vez son más cortos los tiempos de recuperación. La próxima visita al hospital será en dos semanas. Después regresaremos a México. Hemos estamos aquí dos años desde el accidente. Mi hijo se ha recuperado y estamos ansiosos de retomar nuestras vidas y nuestras rutinas. Han sido muchos viajes a Houston pero al parecer, podremos seguir con la terapia en México. Hace dos años exactamente fue el accidente. Hoy, hace dos años, estaba volando hacia el Hospital Shriners. Todavía recuerdo el sonido de la ambulancia. Ya todo quedó atrás.

 

Escrito por Resiliente Magazine

 


Desde 1998, la Fundación Michou y Mau para niños quemados se dedica:

–  Al traslado de niños en riesgo de perder la vida por quemaduras al Hospital de Shriners Galveston o a las unidades especializadas en México.

– A la atención de niños con secuelas de quemaduras a través de diferentes apoyos como: revisiones médicas subsecuentes en clínicas de valoración que se dan en diferentes Estados, tratamiento psicológico para los pacientes y sus familias, ayuda para las prendas de presoterapia, traslados, alojamiento en albergues durante su estancia para las revisiones médicas, etc.

– A la creación de Unidades de Alta Especialidad en la Atención de Quemaduras en México

– La capacitación de profesionales de la salud: médicos, paramédicos, TUM, enfermeras, personal de rescate, etc.; para brindar atención especializada en quemaduras

– A prevenir a través de la Campaña Nacional de Prevención “No TQuemes” que cuenta con material audiovisual y didáctico para que aprendas con los más pequeños de la casa como no quemarse o qué hacer si tienen algún accidente que pueda provocar quemaduras 

Haz clic aquí si quieres conocer más de cómo prevenir quemaduras.

Conoce más de Fundación Michou y Mau en nuestra web www.fundacionmichouymau.org   y en nuestras redes sociales: 

-Facebook: Fundación Michou y Mau IA

-Twitter: @michouymau

 Tu donativo nos puede ayudar a salvar una vida de un niño quemado. Haz tu donación aquí o puedes realizarla directamente en el banco Citibanamex en la cuenta Núm. 4153654 sucursal 298 a nombre de Fundación Michou y Mau I.A.P., clabe interbancaria 002180029841536548

 

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