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Grandes ahorros para consumidores, grandes costos para productores

Siempre buscamos pagar menos por las prendas de ropa que compramos, pero ¿será esta la mejor decisión? Un vestido largo amarillo para la playa que cuesta $299 pesos, una chamarra para invierno a sólo $599,

Siempre buscamos pagar menos por las prendas de ropa que compramos, pero ¿será esta la mejor decisión? Un vestido largo amarillo para la playa que cuesta $299 pesos, una chamarra para invierno a sólo $599, zapatos tipo Oxford color café a $469, una camiseta con estampado que cuesta sólo $89, camisa de cuadros por la que pagamos $179; ¿qué tiene todo esto en común? La respuesta es que muchas de estas prendas las compramos cuando tiene un precio especial; el llamado precio al costo.  Y pensamos que es barato comprar de esta manera pero cabe preguntar si lo es cuando vemos que realmente las usamos limitadas veces y las volvemos a comprar cuando nos cansamos de vestirlas unas cuantas veces. ¿Entonces, es realmente barato ? ¿Son en verdad ofertas? Y quizá una pregunta más importante aquí sería si estas prendas al costo pueden vestirlas todas aquellas personas que las producen. ¿Pueden ellas adquirir este tipo de prendas? 

Detrás de las prendas que vestimos a diario y las nuevas tendencias se esconde una injusta realidad: grandes empresas del sector textil ubican sus fábricas de producción en países del tercer mundo con el propósito de trabajar con mano de obra barata y gobiernos que permiten la explotación laboral. Por un lado, satisfacen cada día nuestras necesidades manteniendo una buena imagen corporativa y conservando su calidad pero por otro lado, descuidan sus procesos internos dañando a quienes conforman sus grupos de interés. Para comprar ese “vestido largo de $299 pesos hecho en Vietnam” debemos recordar que estamos pagando por el material con el que se elabora, por el proceso de fabricación y las condiciones laborales que éste conlleva, por su distribución, por las personas que lo venden y el lugar en el que se vende, y por supuesto, por el enorme margen de ganancia que obtiene la empresa. Pagando este precio estamos permitiendo que estas enormes multinacionales mantengan a sus fabricantes en jornadas de 10 a 12 horas diarias, sin descansos o alimentación, con salarios mensuales de 80 a 130 dólares,  con maltrato a mujeres embarazadas, con acoso sexual y laboral condicionado a permisos, y con la impotencia de salir del círculo de la pobreza.

¿Cuál es nuestra responsabilidad como consumidores? Primero que nada, siendo consumidores mexicanos debemos optar por productos elaborados en México a precios justos por la sencilla razón de que además de mejorar la economía local y fortalecer a productores nacionales, garantiza que el trato a los empleados sea mucho mejor debido a que se está pagando un precio justo por el producto. Por otro lado, es importante consumir de acuerdo a nuestras necesidades, es decir, comprar lo que realmente nos hace falta y dejar de consumir de manera masiva e innecesaria. Esto ayuda también a mejorar el impacto ambiental debido a que se reduce la cantidad de desperdicio generado en las fábricas. Asimismo, es importante comprarles a empresas que tengan distintivos y certificados de calidad, pues de esta manera exigen que sus proveedores sean socialmente responsables y mantengan mejores condiciones de trabajo.

Escrito por Rossy Shamah Chattaj

Correo electrónico: ros24sh@gmail.com

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