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Gises

Me gusta ser Maestro. No sé, nunca imaginé estar frente a 30 alumnos y ver lo diverso y complejos que son cada uno de ellos, con sus particularidades y defectos. Me gusta ser maestro porque

Me gusta ser Maestro. No sé, nunca imaginé estar frente a 30 alumnos y ver lo diverso y complejos que son cada uno de ellos, con sus particularidades y defectos. Me gusta ser maestro porque descubro lo que hay detrás de una cara ruda que me inspira precaución, que me hace pensar, “como me dirijo con él: de forma estricta y tajante o me acerco de manera apacible que inspire confianza”, pero pienso y digo: “¡No, David! eso es cursi, nadie en edad de prepa busca hacerse amigo del maestro al instante, ni contar sus problemas internos a un desconocido, deja de pensar en que puedes salvar al mundo”. Es estúpido pensar en eso. Lo olvidé por completo.

Me gusta ser maestro porque cuando voy caminando por la cancha de la escuela los niños detienen la pelota de juego y alguien grita a los lejos: “¡Paren balón, va a pasar el profe!”. Me gusta ser maestro y poder responder las dudas de mis alumnos. Me gusta ser maestro porque puedo sentir el cariño de mis alumnos a través de un saludo cordial, un “gusta un poquito de mis papas” o una ligera conversación sobre películas, el clima, etc. Me gusta ser maestro porque descubrí la pasión de mi trabajo ahora que creía que la docencia no era para mí, pensaba que solo intentaba que me cayera bien, o como zapato quería que entrara aunque no fuera de mi talla. Ahora todo comienza a cambiar. Me inspira y me divierte ver a mis alumnos memorizando un experimento de ciencias o hasta sacando un acordeón frente a la exposición de proyectos finales frente a sus padres. El rostro de inocencia que refleja su rostro y el esfuerzo para que todo salga bien, aunque sea evidente la carencia de estrategias para realizar una exposición.

Me gusta ser maestro aunque tenga que caminar sobre un suelo rocoso y cruzar un pequeño cerro bajo el ardiente sol de la una de la tarde. Remolinos de tierra y lodo en época de lluvia es el paisaje de siempre. Aun así, me gusta ser maestro porque hago lo que me gusta y apasiona: dar clases. Me gusta ser maestro. Me gusta poder compartir y me gusta construir conocimiento nuevo. Me gusta ser maestro. Soy Maestro.

Escrito por Jorge Stone

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