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El mal del miedo y el pan de la vergüenza

La semana pasada aprendí que los Nahuas de Hidalgo (me imagino, cerca de la Huasteca) le llaman al Parquinson, "el mal del miedo" (o viceversa). Aprendí que hay mucho mal del miedo por cierta presencia

La semana pasada aprendí que los Nahuas de Hidalgo (me imagino, cerca de la Huasteca) le llaman al Parquinson, “el mal del miedo” (o viceversa). Aprendí que hay mucho mal del miedo por cierta presencia de un mineral, que ignorantemente, me atrevo a no nombrar. Aprendí que su concepción de esta enfermedad es totalmente diferente de la nuestra con lo que no quiero decir peor ni mejor.

 

Esta semana aprendí que en la Kabbalah existe aquello llamado “el pan de la vergüenza” que es similar a un “no pain, no gain” o a un “se sacó la lotería y ni ticket compró”. También un amigo, en una conversación, me dijo convincentemente: “cuando te toca, ni aunque te quites y cuanto no te toca, ni aunque te pongas”. Pido perdón por mi simplificación de todos estos conjuntos de ideas pero estos tres ejemplos, vistos muy a mi forma ingrata de ver la vida, me recuerdan varias cosas, todas ellas más tirando hacia un área que sí conozco con poco más de profundidad: el Existencialismo y el Pragmatismo.

 

Los negocios son injustos, sí. Se necesita mucha suerte. También. Está todo predestinado, no. ¡Eso sí, no! Si tu negocio es tu pan de la vergüenza, lucha para callar aquellas bocas que hagan juicios sobre ti. ¡Cambia el mundo, hazlo mejor! ¿Tus dudas del negocio son únicas? No, llámale como quieras pero en este mundo globalizado, todos los negocios sufren estrés y problemas. ¿Tu negocio está destinado a cerrar o a ser el mejor? Imposible. Necesitas suerte, claro está. Tanto como para que no te atropelle un autobus pero no más que ella. ¡Con ella basta y sobra para salir adelante!

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