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El hipster y la gentrificación, say what?

No es un término muy común el de la gentrificación, por lo menos en castellano, pero curiosamente es un proceso mundial que se vive día con día, sobre todo cuando se juntan ciertas características en

No es un término muy común el de la gentrificación, por lo menos en castellano, pero curiosamente es un proceso mundial que se vive día con día, sobre todo cuando se juntan ciertas características en una ciudad. La gentrificación no es más que decir una revaloración de lugares de residencia o comercio, lo cual ocasiona un movimiento de sus personas originarias por nuevos grupos urbanos que siguen las tendencias, destruyendo a su vez la sensación original del lugar. En palabras más sencillas, es decir: ya llegaron los hipsters a la Roma, y los originales se han tenido que ir por la subida de precios del lugar. Es igual a decir, esta calle era más barata pero ahora que pusieron más lofts y edificios de lujo, ya todo subió de precio.

Situaciones así las vivimos todos los días en la Ciudad de México: la Roma lo vive. La Narvarte está en camino, la Escandón igual, la Nueva Santa María lo ve venir, la San Rafaél, etc. Y no solo en estos lugares sucede. En Berlín, yo viví unos años y durante mi estancia, fue la llegada de las grandes corporaciones constructoras que destruyeron barrios completos en búsqueda de lugares perfectos para construir grandes complejos urbanísticos que solo podrían pagar abogados, financieros, etc. ¿Qué tiene que ver Berlín con la Ciudad de México y por qué existen barrios en el mundo que nunca serán gentrificados?

La respuesta radica en que lo que ocasiona dicho proceso es obviamente la oportunidad y la tendencia. Y hay lugares donde nunca hay oportunidades aunque haya tendencias. Igualmente, hay lugares en que sucede lo contrario y por ello el vaivén de gente no sucede. Que en la Roma haya sucedido significa que hubo oportunidades baratas de habitación y una tendencia que hizo que la gente viera la oportunidad de vivir ahí. Llega un momento en que todo sube de precio y la gente que gusta de las oportunidades, busca nuevas alternativas, dejando normalmente un barrio transformado; no siempre en forma positiva. Pero que suceda este proceso de gentrificación tiene un lado positivo, aunque no se quiera ver: indica que hay un interés por venir, por instalarse y quedarse. Y si bien eso contribuye al caos, también es un indicador de que no estamos tan pero tan mal que nadie quiera venir a donde estamos.

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