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El Día de Muertos, día de nostalgia

Amo el Día de muertos. Amo el olor del incienso, los colores de las calaveritas de azúcar y del papel picado y amo el sabor del pan de muerto. Amo ver las flores de cempasúchil,

Amo el Día de muertos. Amo el olor del incienso, los colores de las calaveritas de azúcar y del papel picado y amo el sabor del pan de muerto. Amo ver las flores de cempasúchil, y amo escuchar la canción “La Llorona” en sus distintas versiones. Quizás sea que algo de nostalgia junto con celebración me acompaña este día. Nostalgia que me remite a mi infancia y a aquellas veces (quizás menos de las que hubiera querido) que junto con mi familia caminábamos en el mercado en búsqueda de los objetos típicos que caracterizan este día. La felicidad que me invadía al caminar por aquel mercado y la emoción de comprar calaveritas, flores, pan, etc. y el despertar que aquello causaba en todos mis sentidos. Han pasado varios años ya de aquello y aun puedo evocar ese despertar de vida.

La celebración del día de muertos sigue siendo relevante para mí, quizás ahora más que nunca. No se trata solo de esos objetos de temporada o de los sabores y colores de este día, sino que abarca mucho más. Siendo ya adulta, en este día dedico varios pensamientos a mis muertos, los cuales a medida que envejezco naturalmente son un poco más, pensamiento que me disgusta aunque sepa de antemano que vivir causa la muerte. Hoy más que nunca abro mi baúl de recuerdos para revivir a aquellas personas que perdí y dejo que me invadan los recuerdos. Hoy me invade la felicidad de poder haber compartido momentos con ellos y de lo afortunada que soy por pertenecer a una cultura que celebra a los muertos y cuenta con cientos de leyendas sobre ellos, y lo afortunada que soy por poder contar con un día como el de hoy. Afortunada también de poder revivir a mis muertos a través de mis recuerdos sin que lleve un pésame en el corazón, ni se me haga un nudo en la garganta o deba dejar correr mis lágrimas sino con una sonrisa en el rostro por los momentos vividos y las conversaciones habladas que tuve con ellos.

Me gusta pensar que en muchos años (o al menos eso espero), habré dejado una huella en alguien de manera que pueda ser recordada con la típica ofrenda y que seré parte de la hermosa tradición del día muertos de una forma diferente a la que lo soy hoy. Este es el primer año que un par de mis familiares muy queridos ya no están en el mundo de los vivos. Me reconforta hoy pensar que en Día de muertos de alguna forma ellos están aquí conmigo y me vienen a visitar.  Para mí, la magia de este día es que sin importar mis creencias, este día no tengo inconveniente o conflicto en dejar envolverme en esa creencia.

Escrito por Susana

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