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El alto impacto y los bajos instintos

Todos queremos que nuestra empresa sea del alto impacto, o creemos que eso es lo que queremos. Y aunque nunca quede totalmente claro qué es el alto impacto, pensamos que es mejor que un impacto

Todos queremos que nuestra empresa sea del alto impacto, o creemos que eso es lo que queremos. Y aunque nunca quede totalmente claro qué es el alto impacto, pensamos que es mejor que un impacto medio o que un impacto bajo. Y ¿por qué? En primer lugar pensamos que el impacto nos ayuda a vender más. Nos ayuda a llegar a más gente, lo cual significará que nuestras arcas se llenarán más rápidamente.

Y si bien, no está tan equivocado este camino de pensar, no es precisamente aquello que tiene en mente el consultor que se dedica a esto. Sí, más gente, más ganancia. Pero todo realmente nace de la necesidad y la posibilidad de solucionar un problema masivo que de vender más y llegar a más gente. Lo último es una consecuencia de lo primero y no viceversa. Ahí está el truco y ahí es donde todo plan estratégico debe tener sus puntos más sólidos.

Si una empresa soluciona un problema, que tiene una mayor parte de la población, podrá cambiar el mundo. Podrá mejorar la vida de millones de personas con solo un producto o un servicio. Como consecuencia, vienen los millones y millones de pesos a las arcas. Y aquí no es un problema hacerse rico. Porque precisamente, ese efecto es el resultado de un cambio positivo en la vida de millones y millones. Para qué vender dos productos a 100 personas por 1000 pesos cuando puedes vender 1,000,000 de productos a 10,000,000 de personas a 1 peso. El valor intangible que adquiere un proyecto de esta índole se suma y se multiplica. El chiste, cabe específicar, no es vender barato sino vender aquello que resuelva vidas. Muchas. Millones. Y ahí será el alto impacto verdadero.

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