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Desde “Ya no quiero ser Godínez”, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré escuchando las previsiones económicas para el próximo año que el gobierno y uno que otro analista dan. Después de escuchar cifras desalentadoras respecto al crecimiento económico

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré escuchando las previsiones económicas para el próximo año que el gobierno y uno que otro analista dan. Después de escuchar cifras desalentadoras respecto al crecimiento económico y el tipo de cambio, pienso que mucho del problema de la economía mexicana –aparte de la corrupción, la ambición de los bancos y la pésima administración del gasto público- tiene que ver con las pésimas condiciones laborales en las que se encuentran millones de personas. Fueron economistas como Keynes quienes dejaron en claro que el círculo virtuoso entre buenos salarios y consumo de bienes, así como la correcta aplicación del gasto público –el gobierno comprando tanto a empresas chicas y grandes- es el mejor detonador de la economía. Pero vamos más allá, como empleado –miembro activo de la economía- las condiciones de salud, de seguridad laboral, de horarios no mayores a 8 horas, en pocas palabras, de un empleo digno con prestaciones y un salario justo son elementos que no sólo repercuten en una buena economía sino en una sociedad más equitativa y justa.

 

Actualmente la llamada precarización laboral –empleos con salarios de miseria, con hora de entrada pero no de salida y sin las más mínimas prestaciones- ha generado que mi generación y la siguiente sea, por decir lo menos, explotada impunemente vía subcontratación, outsourcing o formando parte del ejercito de godínez desechables. Las empresas y los empleadores no tienen reparo en seguir incrementando sus ganancias amén de tener que dejar en el desempleo a una enorme cantidad no de trabajadores, sino de seres humanos. Padres, madres, jóvenes, ancianos, analfabetas, universitarios, etc. son desechados por igual en un mercado laboral pensado exclusivamente para la ganancia y no para el bienestar social. Ante tal escenario tan deprimente surge una opción, tan luminosa como uno este dispuesto a esforzarse: emprender.

 

Recientemente me encontré con un texto intitulado Ya no quiero ser godínez, de Aly Antúnez. No es un manual de emprendedor aunque trae uno que otro tip relevante. Considero que lo valioso de este texto es que el autor, de una forma muy personal nos hace participes de sus vivencias como empleado que al darse cuenta de la precarización laboral decidió tomar fuerzas y seguir su sueño de emprendimiento. Todos hemos tenido miedo de dejar la seguridad de nuestra zona de confort, Aly Antúnez no fue la excepción y en su texto nos platica sus miedos y la forma que tuvo de sobreponerse a los mismos. El texto esta hecho para inspirar a nuestro emprendedor interior, es curioso como el autor incluso te echa porras sin siquiera conocerte. Todos los que hemos desarrollado un proyecto propio sabemos que una de las cosas que  más necesita uno cuando decide emprender son esas porras que levantan el ánimo. Aunque joven y con una que otra afirmación extrema, Aly Antúnez nos deja una imagen muy fiel de lo que es ser esclavo de un empleo y estar a expensas de aquellos jefes que son todos menos verdaderos líderes. Recomiendo ampliamente el texto no como una fórmula mágica de emprendimiento sino como la charla informal entre alguien que un buen día decidió tomar las riendas de su vida y pensar que un mejor país empieza por un buen emprendedor. ¿Vas?

 

Escrito por Erick Aguilar

 

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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