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Desde San Valentín, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré forzando la vista ante enormes adornos en tono rojizo que anuncian el próximo día del amor y la amistad. Más allá de la faramalla mediática, de

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré forzando la vista ante enormes adornos en tono rojizo que anuncian el próximo día del amor y la amistad. Más allá de la faramalla mediática, de los clásicos post-its con corazones dibujados pegados en autos de jóvenes, e incluso más allá de las promociones de hoteles de paso; el amor en los tiempos del FB y memes es algo particular. Y bueno si bien el día es obviamente comercial y hasta ñoño, con el paso del tiempo me he aprendido a reconciliar con el 14 de febrero y hasta le he tomado cierto aprecio, quizá cariño. En un principio el día nos recuerda la amistad. Siempre me ha fascinado la definición de amistad de Aristóteles: “La amistad es un alma en dos cuerpos.” En sencillas palabras queda marcado el ideal de amistad que muchos tenemos. La amistad como algo profundo, como algo más allá de lo corpóreo y mundano, como algo que nos mueve desde muy adentro. Nuestra alma en dos cuerpos, es bella por existir y por permitirnos llamarle amigo(a). Por supuesto que merece un día conmemorar la verdadera amistad.

 

Ahora bien, con respecto al amor, no tengo una definición. La última que tuve fue operativa por cuatro años pero terminó siendo quemada por los miedos, los silencios e incluso el hastío. Más allá de palabras que intenten definir al amor, a mi mente sólo vienen nombres y rostros que me permiten entender lo que el amor es y lo que el amor no es. Nombres más, nombres menos; rostros nítidos o difuminados la definición de amor más que verbal es vivencial, más que general es individual. Tan individual como las razones que uno tiene para amar a alguien.

 

Hoy en vez de intentar definir el amor, prefiero simplemente callar y seguir viendo a las parejas que cruzan la calle con total calma, que ríen sin motivo, que van tomadas de la mano dejando atrás sus miedos y viejos amores para iniciar algo nuevo. Los veo y se me inflama el pecho. No queda más que viajar siguiendo las huellas del amor no por última vez –one last time– sino las veces que sean necesarias. ¡Feliz 14 de febrero!

 

 

Escrito por Erick Aguilar

 

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

 

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