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Desde Roma la película, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré viendo Roma de Alfonso Cuarón. Esa película que causó tanta expectación en los cinéfilos y público mexicanos debido a las nominaciones y premios que obtuvo –un León de oro por ejemplo. Personalmente no encuentro motivo que sustente ya no los premios sino las varias nominaciones.

 

El nudo de la historia –en caso de existir- nos muestra un matrimonio en picada y un embarazo sorpresa. Hechos que inesperadamente dan para 135 minutos de celuloide. La sociedad de blancos y morenos, de whiskyy de pulque, de narices afiladas y narices aguileñas son retratadas en la escala de unidad familiar. En la trama no puede faltar el clásico y trillado movimiento estudiantil –en este caso el Halconazo– que refleje el trauma –quizás fetiche- que nuestra sociedad tiene con las prácticas opresoras de un Estado autoritario pero en su momento eficaz. En fin, monótona y varias veces inaudible en sus diálogos, me sorprende que muchos hayan caído rendidos a sus pies. Dejando a un lado las sorpresas y lo sobrevalorado de la película, diré lo que más detesté de la misma: Su inocencia. Me explico: “Inocente palomita que te dejaste engañar”.

 

Como cada 28 de diciembre el que escribe estas líneas no pudo resistir la tentación de conmemorar el Día de los Inocentes y se tomó el atrevimiento de intentar inocentearlo a usted querido lector. Finalmente y con respecto a Roma puedo decir que la fotografía es impresionante y que disfruté mucho tratando de identificar las viejas calles de la ciudad por donde pululaban coches de lámina y tranvías de antaño. El esfuerzo denodado por ambientar la historia en la década de los años 70 merece un reconocimiento muy especial. Entiendo que la película es principalmente un cómo más allá de un qué. No trata de responder a la pregunta, ¿de qué trata la película? sino se centra en responder, ¿cómo lo trata?, abriendo una nueva forma de hacer cine nacional. Mis felicitaciones a Alfonso Cuarón y a todo su equipo quienes sortearon todo tipo de vicisitudes –incluido un atraco a lo largo de la filmación- para llevar a la pantalla una historia que por mucho merece ser contada.

 

Con respecto a la festividad de hoy, lo más que puedo recomendar es una dosis extra de atención y mucho humor. ¡Feliz día de los Inocentes!

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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Derechos de fotografía: Netflix

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