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Desde PechaCucha, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré siendo invitado a participar en lo que a primera vista me pareció una tertulia informal con un nombre raro. Las noches PechaKucha no son nuevas. Desde el 2003 se tiene registro que un despacho de arquitectos llevó a cabo la primera sesión en un restaurante en Tokio, Japón. El formato relajado tiene la característica de ser ágil y conciso así como de permitir a todos hablar sin cansar a sus oyentes.

 

El reto –y esencia- del PechaKucha es presentar 20 diapositivas en 6 minutos con 20 segundos, es decir, de a 20 segundos por diapositiva. Pero no termina ahí, el ambiente es fundamental, por lo que en vez de la clásica sala de conferencias se buscan lugares informales como bares, bistrots o cafés que permitan generar no un ambiente, sino una atmósfera donde las ideas fluyan cómoda y naturalmente. La receta ya se comprobó a lo largo del siglo XX.¿Qué hubiera sido de los existencialistas franceses sin los cafés de Montparnasse o del Barrio Latino? ¿Cómo se  hubiera inspirado el genio de un Paz, de un Rivera sin la vibrante vida nocturna de París en el siglo pasado?

 

Me alegra que ante la creciente penetración de las redes sociales y proliferación de personas que prefieren textear que hablar por teléfono -ya no se diga juntarse en un café para platicar- la antiquísima tradición de hablar cara a cara regrese envuelta en novedad…con todo y nombre chistoso. Y bueno, ¿quién no conoce a personas que acaparan la palabra o se explayan excesivamente? Los 6.20 min. son el antídoto ideal para salvar a nuestros escuchas -y a nosotros mismos- de los soliloquios del merolico que todos llevamos dentro.

 

El nombre ha variado a lo largo del tiempo; tertulias, noches de bohemia, PechaKucha, pero repito, la esencia es la misma: cercanía física y mensajes individuales capaces de enriquecer –mínimo formar- una abstracción colectiva. Esas mismas abstracciones nos dieron generaciones literarias, corrientes filosóficas, y en el mejor de los casos movimientos sociales que buscaron acercarnos un poco más a la Utopía.

 

Escrito por Erick Aguilar

 

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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