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Desde las revoluciones, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré rodeado de información respecto a la entrada del que se dice será un nuevo sistema político, no digo régimen en tanto ese nunca ha cambiado desde que se instauró la Constitución de 1917 –nuestro régimen es democrático y republicano. Tales cambios –algunos los llaman transformaciones- vienen acompañados de nuevos y viejos retos, las caravanas migrantes, la nueva andanada de incluir enfoques de género en la acción pública, la nueva forma que debe tomar la regulación del uso de drogas, la lucha contra el narco, la restauración del Estado de Derecho, y la injusticia social por decir solo algunos. Los cambios están más que prestos; y es que la vida es un constante cambio.

 

El pasado domingo un grupo de personas salieron vestidos de negro a marchar por lo que según ellos es el duelo de la democracia. Por una parte, el motivo más visible fue la cancelación del aeropuerto que se estaba construyendo en Texcoco. Por otra parte, la razón más fundamentada según sus organizadores fue el ejercicio irregular de una consulta ciudadana por ellos considerada a modo y amañada, es decir antidemocrática. Más allá de mencionar que dicha marcha fue convocada por un grupo de señoras de clase supuestamente acomodada o que en el mundo de dichos ciudadanos sea más importante marchar por un aeropuerto que por todos los demás agravios que la ciudadanía vive en este país –desde fosas clandestinas, hasta pobreza sistémica- sólo puedo mencionar que su ejercicio representa que algo se está moviendo. Personas que en otros contextos nunca hubieran considerado irse a plantar a una marcha ahora lo ven como algo necesario. Eso es una transformación, si es buena o mala, los motivos lo dirán y los resultados lo corroborarán.

 

Estamos a unos días de que se conmemore un aniversario más de nuestra Revolución Mexicana,  esa guerra fratricida que dejó un millón de muertos y que nos heredó no sólo una gran Constitución sino lo mejor y lo peor de nuestro sistema político –que a diferencia del régimen enmarcado en la Constitución son los usos y costumbres no escritas de la esfera política de este país. En estos días de cambio; de marchas y caravanas con razones de ser mutuamente excluyentes; de ciudadanos que sólo ¿piensan? en su pedestre interés y de ciudadanos que se atreven a soñar con el bien común; viene constantemente a mi mente la frase que Carlos Obregón acuñó y que el propio Estado Mexicano no le dejó grabar sobre la hermosa cantera de Chiluca del Monumento a la Revolución: “A las revoluciones de ayer, de hoy y de mañana”

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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