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Desde la Tradición, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré preparando la respectiva ofrenda de día de muertos. Buscar alguna calaverita de dulce, un pan de muerto, flores y fotos de los seres queridos que duermen

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré preparando la respectiva ofrenda de día de muertos. Buscar alguna calaverita de dulce, un pan de muerto, flores y fotos de los seres queridos que duermen el descanso eterno es una actividad que muchos realizaremos en los próximos días. El cercano día de muertos es una tradición que tiene su origen en la era prehispánica y que actualmente es motivo de orgullo en distintos lugares de nuestro país. La creatividad que subyace en el montaje de una ofrenda se refleja desde el tema –generalmente se dedican a familiares aunque también se pueden incluir hechos recientes o personajes ilustres- hasta los elementos que son incorporados a dicha ofrenda: cigarros, cervezas, fotos, libros y objetos variados.

 

En la segunda mitad del siglo pasado era indicación gubernamental no poner ofrendas de día de muertos por ser consideradas vestigios de un México atrasado, salvaje y animista. Las ofrendas sólo se colocaban al interior de hogares humildes contrarios a la forma de vida pseudo desarrollada y moderna. Hasta hace algunas décadas la visión oficial cambió, y no sólo aceptó dicha tradición sino que hasta se incentivó, hasta el grado de -recientemente- hacerla aparecer en una película del 007 –en la forma de un desfile artificial.

 

El ser humano tiene la característica de hacer suyos distintos hábitos y celebraciones que posteriormente pueden convertirse en tradiciones. Celebrar una festividad –ya sea por convicción o porque la abuelita así lo hacía-, agregarle un elemento personal, compartir la experiencia con las personas cercanas, etc. son formas que tenemos de apropiar nuestra cultura, de revitalizarla y de “actualizar” nuestras tradiciones. La muerte quien no distingue entre ricos y pobres -una demócrata por excelencia- no puede resistir ser adaptada, vestida y emperifollada por colores, aromas y memorias que traen a nuestros queridos muertos de regreso a la vida, aunque sea sólo una noche al año.

 

 

Escrito por Erick Aguilar

 

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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