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Desde la región más transparente del aire, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré acompañando la rodada de cientos de ciclistas que se atrevieron a descubrir un espacio único en la Ciudad de México. El pasado domingo 25 de marzo tuvo lugar el festival de agua y bicicletas Viva Canal Nacional. Dicho festival fue una iniciativa de las varias asociaciones de la sociedad civil que hacen labor en favor del sitio. La iniciativa fue gestionada y, por qué no decirlo, cabildeada fuertemente por Milpaktli AC, una organización joven con mucho punchen tema socio-ambientales. A tal iniciativa se sumaron organizaciones como Bicitekas, Greenpeace y la Embajada de Holanda en México, por mencionar sólo algunas. A lo largo de los más de 8.5 kilómetros del cauce del Canal Nacional se instalaron 14 carpas en donde los asistentes pudieron conocer la labor que muchos ciudadanos y organizaciones realizan en favor de la limpieza, mantenimiento y conservación del Canal Nacional.

 

Si bien tuve la fortuna de presenciar la labor que organizaciones como Corredor Cultural Canal Nacional, Fundación López de la Rosa, Bartola Axayacatl, Corredores de Coyohuacan, entre varias más realizan, también tuve el honor de apoyar al emblemático Club de Patos en su carpa correspondiente. Desde hace más de 15 años el Club de Patos ha sido la organización que en diversos frentes de batalla –local, institucional, ciudadano, gubernamental- ha buscado el bienestar del Canal Nacional en su tramo norte. Ya sea llevando patos, interponiendo amparos, entrevistándose con funcionarios, convocando medios u organizando jornadas masivas de voluntarios, Alejandro de la Vega ha convertido al Club de Patos en la organización referente de otras tantas. La labor que ha realizado tan diligente y constantemente ha sido la inspiración para que nuevos actores y organizaciones se unan en favor de la causa del Canal Nacional. Hoy, al igual que Club de Patos, hay varias organizaciones compuestas por personas ejemplares que se comprometen en tiempo, trabajo y vida con este espacio tan culturalmente rico y ambientalmente valioso.

 

Tener la oportunidad de remar una lancha a unos metros de la Av. de las Torres, enseñarle a niños de manera vivencial no sólo a remar, sino la diferencia entre el pato doméstico y el pato mexicano en plena zona urbana de la Ciudad de México parece surreal. El domingo 25 de marzo tuvo lugar un sueño colectivo en el que gracias a todos y cada uno de los implicados pudimos recordar que debajo de tanto asfalto y cemento inertes, late un corazón que fluye por más de 8.5 kilómetros; que entre tanto bullicio urbano y aire contaminado, existe un aire en donde revolotean blancas garzas. Infatuado de este impoluto aire, por fin entiendo aquella frase de Alfonso Reyes en su Visión de Anáhuac: “Viajero: has llegado a la región más transparente del aire”.

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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