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Desde la Parada, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré involuntariamente inmerso en el epicentro del pasado desfile por el Aniversario de la Revolución Mexicana. Caminando entre la ingente cantidad de caballos, adelitas y jinetes que ocuparon la calle Izazaga para participar en la Parada Militar intento encontrar una boca de metro abierta para llegar al trabajo. La celebración de la Revolución Mexicana se torna surreal cuando calles otrora atestadas de autos se revelan asaltadas por jinetes y boñigas de caballo.

 

En otras ocasiones ya he hablado sobre el enorme gusto e interés que me causa el tema de la Revolución Mexicana. Los duelos Villa-Obregón, las proezas militares que se llevaron a cabo desde la toma de Zacatecas hasta un hombre que con sólo un revolver tomó por asalto un tren completo, las traiciones y parricidios políticos que se deprendieron a granel pero también las lealtades incondicionales a prueba de balas, y qué decir de toda una generación que se dio cita en el Constituyente de 1917 y que con la mano izquierda sostenía el sapiente libro y con la derecha la humeante pistola, verdaderos políticos dispuestos a defender con las armas sus principios. En fin la Revolución Mexicana, o mejor dicho la Gloriosa Revolución Mexicana –Gral. Álvaro Obregón dixit– es un hito cuyas consecuencias pero principalmente ideales aún están vivos pese a lo que digan sus detractores.

 

No quiero convertir estas líneas en un discurso etnocéntrico-patriotero, baste simplemente con decir que hace poco me volví a topar con un texto del maestro Ricardo Pozas intitulado Guía Cualitativa para la Investigación-Acción Autogestionaria. Dicho texto es de 1989 sin embargo el autor menciona que lo ahí desarrollado tiene no menos de 10 años incubándose en las aulas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y en las instalaciones del entonces Instituto Nacional Indigenista. La Guía versa sobre ese animal raro de la investigación social llamado investigación-acción el cual tiene como rasgo distintivo que toda actividad del investigador debe repercutir en la mejora de las condiciones de vida de su población objetivo. El elemento autogestionarío simplemente remite al carácter teórico desde el cual se busca hacer consciente y reflexiva a la comunidad que se está estudiando sobre su inalienable derecho a gozar los mínimos del bienestar social.

 

Leer la Guía es transportarse a las prácticas que el Maestro Pozas realizaba al interior de la República, es acompañarlo en sus interminables horas de trabajo de gabinete y en sus cátedras que marcaron a la primera generación de antropólogos de este país. Hoy encuentro los ideales revolucionarios no  en el mausoleo del ejército zapatista de Tlaltizapán, Morelos, ni en las estatuas ecuestres de Villa en el Cerro de la Bufa, Zacatecas, ni tampoco en los libros que compendiaron fotos de Casasola que mi abuelo me heredó y mucho menos en el Monumento a la Revolución donde –ironías de la muerte- armoniosamente descansan aquellos que en vida eran acérrimos enemigos; hoy encuentro los ideales revolucionarios en la obra intelectual de aquellos que nacieron poco después de la Revolución Mexicana –las llamados hijos de la Revolución- y en su afán de “…democratizar la vida nacional” –Pozas dixit– desde hace más de 30 años.

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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