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Desde  la mitología, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré teniendo citas más que frecuentes con el alba. A veces 24 horas no son suficientes para cumplir a cabalidad con todo aquello que uno formaliza y conviene volverse pareja frecuente del alba, disfrutar sus desvelados besos y perderse en sus caricias llenas de cansancio. Asistir religiosamente a la cita, obliga a dejar plantado a Hypnos o en el mejor de los casos a reducir el tiempo junto a él. El sueño se troca en paciente trabajo y tecla tras tecla los minutos pasan la vista se cansa pero el espíritu crece. Incluso, gracias a las redes sociales, uno pude eventualmente darse cuenta que otros compañeros amantes del alba también están rindiéndole pleitesía y cumpliendo con su respectiva cuota de trabajo a deshoras.

 

En esta situación y quizá por el cansancio mi mente fluye en el silencio nocturno de la madrugada y recuerda que dentro de todos los seres fantásticos que existen en la mitología griega existen tres seres particulares que determinan la vida de todo ser humano. Las llamadas moiras son tres hermanas cuya tarea conjunta es hilar, medir y cortar la vida de los humanos. Cloto hila la hebra de vida desde su rueca hasta su huso. Láquesis  mide el hilo de la vida de cada persona y determina su futuro. Finalmente Átropos corta el hilo de la vida y elige la forma en la que morirá cada persona. Como se observa el hacerse cargo de la vida de los seres humanos es una tarea a la cual los griegos consideraron tan importante como para ser realizada por no uno, ni dos, sino tres seres mitológicos.

 

Plutarco en su inmortal Acerca del Destino (trad. 1996), apela a la figura de las moiras para tratar de explicar el Destino como sustancia, quedando de la siguiente forma:

  1. Cloto: la parte fija, perfecta y eterna del mundo celeste donde todo se decide y donde residen las causas de todo lo existente.
  2. Átropos, la errante y que se entiende como la fase de transición entre Cloto y Láquesis
  3. Láquesis, la zona por debajo de la luna -sublunar- en donde lo humano tiene lugar y se manifiestan las acciones cuyo origen proviene de la inamovible Cloto

 

Merece mención especial que Plutarco imputa la capacidad de comunicación entre una y otra zona:

 

“…Láquesis, la cual, por una parte, recibe las energías celestes de sus hermanas y, por la otra, enlaza y transmite estas energías a las cosas que están colocadas bajo de ella, sobre la tierra.” (Plutarco, trad. 1996: 2)

 

¿Qué nos dice todo lo anterior? En un primer momento no dice que si bien existe un mundo celeste perfecto donde se haya una sola verdad, ese mundo no es el del ser humano. El mundo del ser humano es aquel imperfecto y contingente en donde la multiplicidad de acciones y seres conlleva caos y sin embargo dicho mundo tiene comunicación con el mundo celeste. Quiza con nuestras acciones, lágrimas, risas, adioses –e incluso desveladas- honremos esa perfección que a distancia toma nuestra vida en sus manos cual delicado hilo, lo trenza, lo mide y en el momento adecuado lo corta para dar paso a un Destino perfecto y celeste.

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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