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Desde la Distopía, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré observando un documental de 2016 llamado, Las novias del Opio (disponible aquí). El documental es una excelente aproximación a un tema tan desgastado como lo es

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré observando un documental de 2016 llamado, Las novias del Opio (disponible aquí). El documental es una excelente aproximación a un tema tan desgastado como lo es la lucha contra las drogas pero agrega un elemento nuevo: las consecuencias de destruir los sembradíos de opio en Afganistán para los hijos, específicamente las hijas, de los campesinos propietarios de las parcelas de opio.

 

No sé a qué grado lo que sucede en Afganistán –en materia de lucha contra las drogas- pueda extrapolarse a otros entornos productores de opio o marihuana, como el triángulo dorado de Guerrero, México; sin embargo el sentido común nos lleva a pensar que los productores rurales de opio y marihuana son puntos clave, el origen, de esa enorme mafia mundial que llamamos narcotráfico. El tema de ingresos para un sector tan pauperizado como lo es el campesinado, es lo que determina, en última instancia, que un individuo use su parcela para sembrar opio en vez de maíz. El simple deseo voluntario de cualquier individuo de consumir algún tipo de estupefaciente rebasa por mucho las capacidades y recursos que instituciones como el Estado puedan invertir para eliminar las drogas. Se dice que siempre que exista una demanda, habrá una oferta; y entonces, ¿por qué en vez de sumir a pueblos bajo regímenes de terror -distopías- causados por la alianza entre traficantes y Estado, no se asume que nuestra adicción –por más recreativa o fuerte que sea- tiene costos sociales desgarradores?

 

La idea original del estupefaciente mundialel soma– que Aldous Huxley plateaba en su inmortal, Un mundo feliz (1932), remite a una sociedad que debido a la imposibilidad de cambiar el orden establecido apela a los estupefacientes como desfogue, enajenación e incluso como medio de relación social. Es significativo que en la distopía enmarcada por ese Mundo feliz, el soma junto con la tecnología sean los dos pilares que sostienen -repito- ese mundo distópico. ¿Qué tan lejos o cerca estamos de la distopía colectiva y personal?

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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