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Desde la conmemoración de 1968, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré enterándome de los sucesos previos y posteriores a la marcha anual para conmemorar el Movimiento Estudiantil de 1968. La imagen que tengo de dicho movimiento y de la final matanza de estudiantes en la plaza de Tlatelolco es una especie de mosaico que he ido construyendo a lo largo de mi vida. Las pláticas de mi abuelo, las confidencias de mi madre, las películas, libros y documentales han hecho que efectivamente consideré la matanza de estudiantes del ‘68 como uno de los actos más viles ejecutados desde el núcleo del Estado Mexicano de ese entonces.

 

Como pupilo de Maximino Ávila Camacho, famoso cacique poblano y eterno suspirante presidencial de mediados del siglo pasado, el joven Gustavo Díaz Ordaz se instruyó en los usos y costumbres del priismo. Autores como Sergio Aguayo, Alejandro Rosas y Julio Patán documentan la colaboración que el maduro Díaz Ordaz tuvo con la Central Intelligence Agency (CIA) de Estados Unidos antes de devenir presidente de la nación. Una vez como expresidente y ya como embajador de México en España el agonizante Díaz Ordaz declaró en entrevista que el año de su presidencia del cual estaba más orgulloso era precisamente el año de 1968 (¡!)

 

Este año tras la -en el mejor de los casos ocurrente- convocatoria de cinturones de paz para contener a los rufianes y vándalos que cuelan a toda marcha, la movilización conmemoró un año más de la masacre de estudiantes. Recuerdo que desde mi tiempo en la licenciatura las pintas y jaloneos con policías eran una especie de tradición obligatoria para todo aquel que decidiera asistir. Sin embargo hoy, ante una autoridad temerosa de usar la fuerza pública para aplicar la ley es extraño ver cómo burócratas son expuestos a grupos de choque mientras la policía tiene instrucciones expresas de no intervenir. Es inadmisible que se tolere el crimen y la violencia en aras de “no caer en conflicto”. Y bueno, es surreal que la respuesta que en ésta ocasión viene desde el núcleo del Estado Mexicano sea “Los acusaré con sus madres y abuelos”. (¡! x 2 )

 

Díaz Ordaz pasó a la historia como un presidente con las manos llenas de sangre, ¿estaremos ahora en presencia de un manco?

 

Escrito por Erick Aguilar

 

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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