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Desde la Ciudad de la Furia, Viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré haciendo un recuento. A todos nos gusta coleccionar momentos, incluso integrarlos en una especie de collage mental. Los científicos nos han enseñado que el ser humano tiene la capacidad de que evocar momentos con tan solo percibir partículas de ciertos aromas, es decir, nuestra memoria olfativa es de las más potentes que tenemos. Ahora bien, en mi caso gusto de acompañar mis memorias de ciertos acordes, ciertas canciones, que con los años pasan a ser parte del soundtrack de mi vida. Desde la preparatoria he tenido la intención de grabar en un casete –ahora sería en una memoria usb- las canciones más icónicas que me trasladan hacia lugares, personas y sensaciones. A la fecha llevo más de 15 años postergando tal proyecto o quizá sea el hecho de que aún estoy en la fase de recopilar las canciones, no lo sé.

 

En Buenos Aires a inicios de los 80’s, en una de las varias casas del barrio River perteneciente a un tal Tito Alberti, tres muchachos se juntaban y hacían uso de la sala de ensayo de Tito. La casa está en una esquina, frente a un amplio parque; ahí Carlos, Gus y Héctor (Zeta) ensayaban y a la larga descartarían nombres como Taras Bulba o Sifón Drago para su incipiente banda de Rock en español. Al parecer se quedaron con el mejor de los nombres posibles. El resto es historia.

 

Hoy, paso a una sana distancia de la ya mencionada casa. No pienso bajarme del bus en tanto ya tengo fama de cursi como para reforzar lo dicho por mis queridos detractores –Dios los guarde- y exponerme a que me vean sentado en la esquina de la calle Dr. Victorino de la Plaza y la calle Almirante Atilio Sixto Barilari con rolas de Soda Stereo sonando en mis audífonos (https://www.youtube.com/watch?v=7oh0y80wDY8 lo que en estos momentos acompaña estas líneas).

 

Como lo dije antes, prefiero impregnar mucho de lo vivido en la Ciudad de la Furia a lo largo de estos meses con rolas de Soda para formar una especie de amalgama entre memorias, lugares, sonidos y sensaciones. He sido testigo de la transformación de una ciudad ajena y fría que ha devenido en familiar y cálida. Llegué para vivir uno de los inviernos más fríos que se tenga memoria. En mis primeras dos semanas no pude más que dormir vestido y con doble pantalón, preguntándome  “¿Qué hago aquí?” Ahora me voy con la cálida primavera acariciando cada uno de los rincones de una ciudad que me regaló al mejor co-asesor que puede haber, conocimiento, largas horas de trabajo intelectual, fablar portuñol, cultura, pasos y paseos felices, asados filiales, ferias todos los jueves y domingos, un Roque y una Lidia entrañables, amigos, hospitalidad, romance y quizá los más importante de todo: tiempo y paz para diferenciar lo que puedo de lo que no puedo cambiar…todo ello envuelto en los acordes de una increíble banda de rock.

 

Un viaje más que acaba para que otro inicie, o como decía el gran Cerati a quien le cedo la palabra:

“Cae el sol, sale el sol […]

Un extraño destino, una obscura verdad

Tan sólo tropiezos, amar o callar

Anduve caminando por calles al azar

Por calles vacías.

Buenos Aires.

Buenos Aires.”

 

Escrito por Erick Aguilar

 

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

 

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