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Desde la Castañeda, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré caminando por el rumbo de Mixcoac en la Ciudad de México, por el lugar que en su momento ocupó el sanatorio mental más grande de México,

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré caminando por el rumbo de Mixcoac en la Ciudad de México, por el lugar que en su momento ocupó el sanatorio mental más grande de México, me refiero a La Castañeda. En el México porfirista, tras la modernización llevada a cabo con ferrocarriles, el Gran Canal, la reapertura de la Universidad, entre otros, se precisó de construir un sanatorio para enfermos mentales, no porque en el país hubiera muchos sino por el status de progreso que daba un lugar así. No olvidemos que la aplicación de los principios de la ciencia médica y sus muchas ramificaciones, sirvieron al regimén porfirista para justificar el control que ejercía en el país. Algo así como lo que hacen los actuales gobiernos tecnócratas, que legitiman su dominio a partir del conocimiento técnico y científico que en teoría los hace ser objetivos y eficaces –repito- en teoría.

 

La Castañeda fue un hito de modernización que tras la caída del régimen porfirista y la consolidación del régimen revolucionario fue mostrando los tratos inhumanos hacia quienes eran clasificados locos –concepto mutable que iba desde víctimas de epilepsia, alcohólicos hasta personas efectivamente dañadas mentalmente. El tema de la locura dentro de la sociedad es complejo, inacabado y por momentos espinoso. ¿Hasta qué punto en un mundo tan caótico y alrevesado la locura es la opción más sensata? ¿La locura es un refugio al que se nos orilla más que un padecimiento no elegido?

 

Semanas atrás un autoproclamado loco atacó a un clérigo en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Se pide que se le aplique justicia a alguien que en principio no es consciente de sus actos. Más al sur, en el estado de Quintana Roo, un ciudadano extranjero con tendencias de superioridad racial se dedicaba a grabarse humillando y vejando a mujeres y jóvenes locales so pretexto de su color de piel y condición sociocultural. Dicho hombre ahora está en un coma inducido tras un intento de linchamiento por parte de más de 100 personas – una de las cuales fue apuñalada y luego murió a manos de este sujeto. Ambos casos coinciden en que ponen a discusión la salud mental de los protagonistas. Amén de las muchas pruebas, análisis psicológicos y demás métodos que garantizan la diferenciación de un loco de alguien que no lo es, el juicio de los especialistas nunca es decisivo y mucho menos predictivo… En 1968 la Castañeda fue cerrada a causa de todas las irregularidades, abusos, vejaciones y torturas que durante décadas ocurrieron a su interior, lo único que queda de ese lugar, es la fachada, que por más raro que parezca, fue desmontada piedra por piedra, trasladada y vuelta a ensamblar en algún lugar de Amecameca en el Estado de México. Por más bellas que sean las fachadas, pocas veces sabremos qué es lo que ocurre en ese interior oscuro y solitario… quizá esto se aplique a ciertos edificios.

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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