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Desde el Equipaje, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré en extremo atareado haciendo el equipaje para mi siguiente viaje. Viajar es un placer pero todas las actividades que preceden dicho placer son pocas veces enunciadas.

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré en extremo atareado haciendo el equipaje para mi siguiente viaje. Viajar es un placer pero todas las actividades que preceden dicho placer son pocas veces enunciadas. Ya sea por negocios, por un congreso, por gusto o por cualquier otro motivo que se realice un viaje, mucho del éxito del mismo depende de la preparación previa y no me refiero únicamente a realizar una reservación o comprar con antelación los tickets del avión. Me refiero a una preparación más profunda y que lleva más tiempo.

 

He conocido personas que desde adolescentes se empeñaron en aprender un idioma para poder ir a determinado país cuando fueran grandes, gente que lee más de un libro y se empapa de la cultura y biografías de una ciudad para cuando llegue el glorioso momento de estar ahí ser capaz de disfrutar hasta el mínimo detalle, en fin, son muchas y muy variadas las formas que uno tiene de preparar/se para salir de casa y emprender la marcha. Considero que viajar –que no touristeares la suma agregada de un conjunto de expectativas, sueños, oficiosa preparación y una que otra manía que tienen como resultado una experiencia tan genuina como vital.

 

En estos años mi compañera inseparable de viaje ha sido una backpack negroazulada -la misma que veo en estos momentos al voltear mi vista a la izquierda. En ella se alojan unos audífonos, una pila para cargar el celular, una toalla para manos –la necesidad le enseña a uno a secar todo su cuerpo con algo tan pequeño-, pluma, libreta, una muda de ropa interior, termo con agua –aprendí que la deshidratación es el enemigo número uno de la diversión- y mucho espacio libre para recibir todo aquello que un viaje tenga que ofrecer. Lo que he recibido en estos años a veces viene en forma de una conchita del Lago Maggiore para el ser amado, o unas mancuernillas de la Universidad de Salamanca para los hermanos, o incluso gorras de Jerusalem de a 6 por 10 dola’ para los amados compañeros de viaje. Existen mil y un formas de hacer evidentes la manera en que uno vive y recuerda el viaje más allá del respectivo equipaje… mi favorita, una colección de caballitos de tequila. 

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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