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Desde el Temazcal, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré recordando la sensación de cálido bienestar al interior de un temazcal. El temazcal es una edificación baja y circular hecha a base de adobe que desde tiempos prehispánicos se usaba con fines medicinales y de purificación. En cuanto a su funcionamiento es muy similar al baño de vapor; un lugar caliente, vapor de agua y sudar en exceso. La diferencia entre uno y otro es el sentido ritual. En su construcción, un temazcal precisa de padrinos y hasta es bautizado con pulque; cosa inimaginable para cualquier baño de vapor. Otra diferencia es que mientras que uno puede ingresar a un baño de vapor al terminar su rutina de gimnasio o bien inmediatamente después de pagar el boletito de cualquier baño público de la ciudad, para entrar a un temazcal en forma uno precisa de estar en grupo; hacer una preparación grupal donde generalmente se bebe una infusión de hierbas medicinales que prepara al organismo para ser desintoxicado.

 

Una vez adentro y en completa obscuridad el ambiente grupal determina la experiencia. A veces se realizan rítmicos sonidos que buscan asemejar el latir de un corazón conjunto gestándose en la pancita caliente del útero materno. Otras veces se sueltan frases precedidas por la invocación a Ometéotl, dios creador quien tiene su correspondiente femenino con Omecíhuatl -junto forman la pareja creadora del universo y son los padres de los cuatro Tezcatlipocas. Y otras veces sólo se está en silencio, aspirando la mezcla de hierbas con vapor de agua.

 

Los temazcales que más gratamente recuerdo tuvieron lugar en Villa Vicente Guerrero, Tlaxcala y en la ciudad de Oaxaca. En ambos las dinámicas fueron diferentes pero el sentido siempre fue el mismo que en los inicios del Temazcal: remembrar nuestro periodo prenatal a través de la cálida y húmeda atmosfera que se forma al interior del Temazcal que funge como útero. Obscuro, caliente, circular y con ese aroma tan particular lo único que uno siente luego de sudar fatigosamente son los propios latidos y por ende la energía vital que existe dentro de un mismo. Hoy 8 de marzo conmemoro no sólo a la mujer en forma de madre, sino a la mujer en forma de energía vital que como hombre tantas veces me ha arropado, nutrido y complementado. Hago votos para que no nos tome mucho tiempo entender y valorar el fundamental papel – a veces ignorado- que nuestras mujeres tienen en la dualidad cielo-tierra, cuerpo-alma, Ometéotl-Omecíhuatl, Masculino-Femenino.

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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