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Desde el estado Rendido, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré cambiando súbitamente el contenido de esta columna semanal. En su momento éstas líneas estaban dedicadas a platicar sobre la película de moda en salas de cine. Sin embargo, tras leer noticias de último minuto sobre un suceso más que relevante, no hubo otra opción más que cambiar la temática a tratar.

 

El suceso al que me refiero tiene que ver con la penosa declaración y cuestionable acción que ayer jueves el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, tuvo a bien dar a conocer tras la, aparentemente, accidental aprehensión de uno de los hijos del Chapo Guzmán en la cuidad de Culiacán, Sinaloa por parte de fuerzas federales. El culmen de dicha declaración fue que tras los tiroteos, el levantamiento en armas de criminales que sitiaron la ciudad y el constante riesgo de la vida civil, el Estado Mexicano decidía dejar en libertad al hijo del Chapo esgrimiendo como argumento el “…salvaguardar el bien superior de la integridad y tranquilidad de la sociedad culiacanense…”

 

Desde mi tiempo en la universidad fui partidario de escribir Estado, así con mayúscula siguiendo la tradición europea de ver en él no sólo la personalidad jurídica del pueblo -Jellinek-, sino también aquel al que con motivo de preservar nuestra vida y evitar que perezcamos violentamente le entregamos nuestra capacidad de violencia -Hobbes. Por eso, en todos mis textos –tanto personales como académicos- siempre he reparado en escribir Estado y no estado. Incluso contra la prevención nietzscheana de que el Estado es de los más grandes males que pueden acaecerle al hombre he sido creyente del mismo.

 

El día de ayer marcó un antes y un después en el Estado Mexicano, el cual aceptó que ante sus leyes, mandatos y deberes para con la población pueden más un conjunto fuertemente armado de criminales que toda su fuerza y servicios de inteligencia. No discuto que los “abrazos, no balazos” haya sido un eslogan pegajoso de campaña, pero no se puede, no se deben tomar decisiones torales para el Estado con esa lógica. Max Weber nos enseñó que el Estado debe operar bajo la ética de la responsabilidad y no bajo la ética de la moral si es que quiere seguir siendo Estado.

 

El mensaje que los responsables de la seguridad nacional enviaron el día de ayer a los criminales y a la sociedad fue alentador para los primeros y descorazonador para los segundos. Tras años de desgaste, tras gobiernos y administraciones empeñadas en socavarlo, llegó el día en que el Estado Mexicano devino el estado mexicano, así sin más, pequeño y rendido.

 

Escrito por Erick Aguilar

 

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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