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Desde El Archivo, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré en el Archivo General de la Nación (AGN), aquí en la Ciudad de México. El AGN es un hito en la historia y presente de nuestro

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré en el Archivo General de la Nación (AGN), aquí en la Ciudad de México. El AGN es un hito en la historia y presente de nuestro país. En él se encuentra no sólo el pasado sino las claves para -en un futuro- poder juzgar nuestro presente. La idea de un lugar en donde se pudiera reunir los documentos y registros escritos de la vida de un pueblo viene desde la época de la Nueva España. El, en ese entonces, impero más grande del mundo –donde nunca se ponía el sol- tuvo a bien inaugurar el Archivo General de la Nueva España a finales del siglo XVIII; obra que junto con la primera imprenta de América (1539), la primera casa de moneda de América (1535) –ambas en el zócalo capitalino- y la primera universidad de América (1551), la “Real y Pontificia Universidad de México”, nos da una idea de la potente planeación, organización y vida de un imperio como lo fue el heredado por Carlos V.

El AGN se encuentra enclavado en lo que fuera la penitenciaría de Lecumberri. El palacio de Lecumberri es un edificio panóptico –los presos siempre estaban a la vista de los custodios- en donde transitaron muchos presos; incluso el ingenuo Francisco I. Madero fue apresado ahí antes de que “el Chacal” Victoriano Huerta lo asesinara. También se sabe que David Alfaro Siqueiros recibía ahí sus cheques enviados por el Estado –nunca sabremos si eran remuneraciones por su participación en el atentado contra de León Trotsky– mientras purgaba su condena. Lecumberri asombra de la misma forma que nos recuerda la brutalidad de una institución total, en clave de Michel Foucault. El AGN y su actual sede tienen una historia que se resumiría en ríos de tinta; sin embargo me he enterado que desde hace unos meses, la crápula e ignorante clase política nos quieren dejar sin historia y buscan restringir el acceso a fuentes primarias con el fin –de que en un futuro- sus fechorías permanezcan en el desconocimiento general.

Finalmente y al respecto de este ultraje a la memoria colectiva y a la historia nacional figuras como el Consejo Académico de El Colegio de México  y académicos de la talla del profesor Carlos Elizondo han manifestado su postura contra la próxima monopolización de las fuentes documentales por parte de la Secretaria de Gobernación. El profesor Carlos Elizondo escribió en El excelsior hace tres semanas: “Con las leyes que están por aprobarse, Gobernación controlará los archivos. Esto, junto con la ilimitada protección de los datos personales, enterrará la posibilidad de hacer historia.” Y agrega “Al poder político le gusta controlar la historia. Un estudiante chino no aprende sobre la matanza de la Plaza de Tiananmén. A los estudiantes turcos no se les enseña que existió el genocidio armenio. El acceso abierto a los documentos del pasado es fundamental para promover una cultura de la legalidad y para combatir la corrupción. Es, además, imprescindible para explicar nuestro pasado y, por lo tanto, nuestro presente.”

Escrito por Erick Aguilar

 Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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