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Desde Creel, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré temblando de frio por las gélidas temperaturas de los últimos días. El frio me hizo recordar un diciembre particular que pasé en la Sierra Tarahumara, específicamente en el pueblo de Creel. En ese entonces, un México de finales de los años noventa, los trenes se limitaban a mover mercancías y el viaje de personas se limitaba a un solo tren: El Chepe. La ruta que recorre El Chepe va de la Ciudad de Chihuahua a los Mochis, Sinaloa y a mitad de la ruta se puede hacer una parada en el pueblito montañosos de Creel.

 

En  mi vida jamás había sentido tanto frio como en ese diciembre que pasé en Creel. Recuerdo que mi abuelo me prestó un sobrero que me quedaba enorme pero que era muy abrigador. El pueblo se recogía a tempranas horas de la tarde, debido a que la neblina bajaba para engullir todo aquello que encontraban a su paso. A lo largo de mi estancia en Creel pude conocer la cascada de Basaseachi –una de las más altas del país-, el valle de los Hongos –piedras sobrepuestas en forma de hongos- y a miembros del grandioso e histórico pueblo Rarámuri (Tarahumaras). Aún recuerdo que no muy lejos de las vías del tren se encuentran las barrancas del cobre, un panorama enorme en donde la Sierra Madre Occidental se revela en todo su esplendor. Por si fuera poco, es común ver águilas planeando en algún corriente de aire que se forman a unos cuantos metros del mirador en donde uno aprecia no sólo un paisaje sino una composición surreal de montañas, horizonte y nubes.

 

El pueblo de Creel hoy está catalogado como pueblo mágico, el chepe sigue siendo el único tren de pasajeros de todo el país, Basaseachi sigue siendo una maravilla natural y el valle de los hongos sigue esperando el fin de los tiempos con su sepulcral silencia…y nuestros hermanos rarámuris siguen ahí, sonrientes y cálidos pese a hambrunas, frio y pobreza. Hay veces en que el tiempo parece congelarse en una instantánea que nos hace recordar imágenes no de nuestra infancia sino de nuestras íntimas alegrías.

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

 

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