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Desde Cocina, viajero

En una taquería cualquiera

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré sentado tranquilamente degustando sabores, olores y compañía en una taquería cualquiera de esas que abundan en nuestro país. La cocina mexicana fue designada como patrimonio intangible de la humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desde el 16 de noviembre de 2010. La complejidad gastronómica, la historia de los ingredientes, el proceso de preparación e incluso el anecdotario histórico –los chiles en nogada son una ocurrencia de las monjas cuyo convento estaba de paso en el camino de Iturbide hacia la capital ya como triunfador de la guerra de independencia- hacen de nuestra cocina nacional un emblema cultural y materia digna de orgullo para todo mexicano.

La comida y más aún la hora de la comida son hitos sociales que van más allá de la simple necesidad de consumir alimento cada determinado tiempo. La hora de la comida es un ritual en donde una panoplia de símbolos y significados se dan cita para compartir los sagrados alimentos. A vuelo de pluma puedo enumerar tres sencillos ejemplos de esa panoplia de símbolos con quienes compartimos la mesa: 1) los lugares que cada quien toma en la mesa marcan la jerarquía y hasta el lugar de poder ocupado por los ahí reunidos. En la cabecera siempre esta el líder o bien es quien tiene la pared a su espalda. 2) La forma de comer dice mucho de la forma de ser de la persona; en un artículo reciente del New York Times se relacionó la autorregulación personal con aquellas personas que no le ponen sal a los alimentos sin probarlos –y por el contrario, aquellas personas que espolvorean sal en platillos que aún no prueban son menos autorreguladas- y 3) la falta de pan en la mesa ha provocado los levantamientos más tempestuosos en ciudades tradicionalmente conservadoras aún en tiempos pacíficos –los ejemplos de la Ciudad de México que De Mauleón reseña, uno en época de paz (1692)  y otro en plena guerra revolucionaria (1915) son muy ilustrativos.

La tradición budista menciona que “eres lo que comes”, entendido esto como: eres la dedicación de tu mamá al prepárate el lunch cada mañana durante toda la primaria; eres la gala y el orgullo de la cena de graduación de preparatoria; eres el estrés de comer alimentos para llevar en una de tantas prisas laborales; eres la risa cálida de una comida entre amigos que no se veian hacia buen tiempo; y eres el cariño digno de alabanza que la abuela te profesa y que se traduce en ese sazón inigualable que no tiene otro fin más que decirte a través del paladar “Te quiero hijo”…  ¡Buen provecho a todos¡

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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