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Desde el Cerro de la Bufa, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré rememorando mis pasos en el cerro de la Bufa, en Zacatecas. El cerro es un sitio emblemático puesto que cuenta con un observatorio meteorológico del siglo XIX, un mausoleo de zacatecanos prominentes (muchos de ellos músicos y políticos), un teleférico y una serie de grandes estatuas ecuestres de hombres como Pancho Villa, Felipe Ángeles y Pánfilo Natera. Estas tres estatuas conmemoran la batalla en que fuerzas revolucionarias, al mando de Villa vencieron a las tropas del usurpador Huerta y tomaron la ciudad de Zacatecas en 1914, fue la llamada Toma de Zacatecas.

 

Villa fue un hombre grande, un líder y personalmente lo considero uno de los pocos patriotas que hemos tenido. Su estrategia más usual para conseguir la batalla fue la llamada furia desbocada que consistía en asestar furiosos ataques frontales que arrasaban todo a su paso, y que una vez terminado era difícil volver a reagruparse para emprender un segundo ataque. En pocas palabras, la furia desbocada era un movimiento de ganar o perder, sin más. Obregón por su parte fue un garbancero del norte del país que tuvo a bien encontrarse en el lugar correcto en el momento idóneo y supo aprovechar las oportunidades que tuvo hasta escalar al más alto nivel de la cúpula revolucionaria. De igual forma Obregón supo vencer a Villa y aguantar su furia desbocada, aún contando con menos hombres que Villa, así lo demuestran las batallas de Celaya de 1915. La clave para que Obregón venciera a Villa pese a que este último tenía una ventaja numérica muy superior a la del primero radicó principalmente en la obediencia y en la disciplina de sus hombres, para mantenerse en sus puestos y no amilanarse ante fieros dorados –de Villa- atacando con vehemencia.

 

El tema de la obediencia ha sido estudiado recientemente en contextos civiles, recomiendo ampliamente la película Experimenter  (2015) en la cual se muestra el experimento hecho por Stanley Milgram, quien desde la academia evidencia la proclividad que tiene el ser humano de seguir órdenes por más perjudiciales que estas sean para alguien más. Pocos son los seres humanos capaces de pensar críticamente las consecuencias de una orden, aún menos son los capaces de resistir a una orden dada directamente por quien es considerado como autoridad. La obediencia hacia caudillos de antaño, hacia partidos hegemónicos o autoritarios, hacia instituciones invasivas y más recientemente hacia los profesionales tanto del marketing político como del marketing comercial, pone al ser humano en un papel de sujeto pasivo, dócil mero receptor de lo que sea le quieran ordenar. Hoy es común encontrar influencers, polítiquillos descafeinados y muchos autoproclamados líderes de opinión deseosos de poner a prueba la obediencia de sus followers. Pienso que hay una obligación humana, necesaria al grado de volverse vital: la obligación de encontrar verdaderas convicciones personales, que superen todos esos ñaques de imágenes, palabras y órdenes que el mundo esta dispuesto a inocularnos y que no siempre redundan en hacerlo mejor. El panorama que desde el mirador del cerro de la Bufa se disfruta es amplio y de vez en cuando una ráfaga de viento irrumpe cortando esa sensación de calor seco, brindando un respiro y gestando una convicción.

 

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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