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Desde Canalejas, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré recordando mis andares en Canalejas, en el municipio de Jilotepec, Estado de México. Primeramente el municipio de Jilotepec tiene su nombre a partir del “cerro de los jilotes –mazorcas.” El municipio tiene mucho de histórico, como haber sido el lugar donde se llevó a cabo la batalla de Calpulalpan dando por terminada la guerra de Reforma a favor de los liberales o haber sido la cuna del gran Andrés Molina Enríquez, prócer de las reformas agrarias retomadas en la Constitución de 1917.

 

En específico recuerdo la Iglesia de la Piedrita, donde se venera a la Virgen del mismo nombre. La historia es breve, en la segunda mitad del siglo XIX, un hombre se encontraba levantando una barda de piedra, en algún momento en el perfil de una de las tantas rocas que estaba acomodando encontró estampada la silueta de la Virgen de Guadalupe, fin. Curiosamente el suceso acaeció justo después de la derrota de los conservadores –y por tanto de la iglesia- en el cercano Calpulalpan. Las deducciones las dejo a su criterio. Pero bueno, tras 50 años de construcción y más allá de los veros motivos de su existencia, visitar la Iglesia de la Piedrita es todo un acontecimiento. Subir -ya sea en auto o caminando- veredas flanqueadas por pinos, sentir cómo el aire se vuelve cada vez más frio y la respiración más agitada según la inclinación del terreno. En la cima se abre una plaza amplia que al día de hoy sirve como estacionamiento y tras subir aún más –por fortuna ya por escaleras- se llega a una iglesia “compacta” que sigue más los cánones góticos, que neoclásicos…ambos están presentes.

 

Recuerdo que tras recorrer los coloridos vitrales de mártires y santos y de ver la piedra con la silueta de la Virgen de Guadalupe llegó la hora de cerrar la iglesia, pero por azares del destino y tras una breve plática con el responsable de ese entonces, tuvimos la oportunidad de subir al campanario para luego dar un breve paseo por sobre la bóvedas de la iglesia. Años, después cuando estuviese caminando sobre las terrazas del Duomo de Milano en Italia recordaría ese momento. La vista fue maravillosa, el bosque de coníferas, la ciudad, el transparente aire y el sonido del viento fueron los bastidores donde pinté tan bello recuerdo. Las fotos que tomé ese día no hacen justicia a lo bello de la experiencia.

 

Al final del recorrido y tras haber agradecido la deferencia del paseo, volvimos a bajar del cerro y retomamos el camino hacia alguno de los otros bellos lugares de Jilotepec…la barbacoa de Acazuchitlán tiene mención especial.

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

 

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