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Desde Berlín, viajero

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré recordando mis pasos por Berlín, Alemania. Más allá de polemizar sobre si la etimología de la ciudad viene por los osos o por la tierra deshabitada, para mí Berlín siempre ha sido una ciudad que relaciono con la Segunda Guerra Mundial. Desde la primera vez que mi madre me llevó a Europa, recuerdo que la capital que más causaba curiosidad era la alemana. A los 18 años, no podía imaginar cómo sería estar en uno de los principales epicentros de las dos guerras mundiales por las que la humanidad ha atravesado. Más aún, tras la guerra por varias décadas, Berlín fue dividido por el tristemente célebre muro. Recuerdo que en mi infancia, un tío contaba cómo era pasar de la República Federal Alemana a la República Democrática Alemana a través del checkpoint Chalie. Por más que he visto películas sigo sin poder dimensionar cómo sería haber vivido en un ciudad dividida no sólo urbanísticamente sino ideológicamente a esos extremos.

 

Admito que una vez en la ciudad, tras conocer sitios emblemáticos como la Puerta de Brandeburgo y la Columna de la Victoria, me centré en ir a observar las lúgubres losas de hormigón del Monumento del Holocausto –donde estaba el Führerbunker-, la cúpula de cristal del alguna vez siniestrado Reichstag y los contingentes pedazos de muro que repartidos en la ciudad. Admito que no pude resistir la tentación de comprar una postal con un trocito de muro al pasar por la atracción turística en la que ha devenido el checkpoint Charlie. Berlín me sorprendió porque, fuera de enclaves muy particulares y algunas construcciones que aún muestran los agujeros dejados por las balas de hace más de medio siglo, no demuestra haber sido el epicentro de la última conflagración global. El barullo de sus ciudadanos cosmopolitas, su metro, su Tiergarten, su zoológico tan familiar y los muchos puestos de kebabs ocultan un pasado que ninguna otra ciudad del mundo envidia.

 

Quizás sea yo el que no logra superar lo que aparentemente la ciudad dejó atrás. Es probable que con el tiempo y los eventuales regresos Berlín se vuelva para mí “…la ciudad más poblada de Europa Central, justo detrás de Londres” y nada más. O quizás simplemente Berlín me deja en claro que podemos superar nuestro pasado y ser bellos ante todos aquellos que nos rodean y conocen.

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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