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Desde  2° aniversario, viajero

Desde  2° aniversario, viajero   Al tiempo de caminar por la vida, me encontré cayendo en cuenta de que se han cumplido dos años de viaje. Estas líneas -a veces íntimas, otras veces de mera compañía- vieron

Desde  2° aniversario, viajero

 

Al tiempo de caminar por la vida, me encontré cayendo en cuenta de que se han cumplido dos años de viaje. Estas líneas -a veces íntimas, otras veces de mera compañía- vieron su luz hace un par de años a partir de una sencilla invitación que sólo me pedía escribir una columna de no más de tres párrafos. Las invitaciones sencillas son las que presagian grandes vivencias. Mucho de aquello que nos marca tiene la cualidad de iniciar con frases del tipo ¿…vamos por un café?, ¿Por qué no me escribes una columna…?, ¿Me acompañas a…?, ¿Qué es esto? (¡!),¿Por qué no me caes en verano…? y mi clásico –y empolvado- favorito ¿Quieres andar conmigo? Es la economía lingüística llevada a su máxima expresión lo que dentro de sí lleva propuestas, sugerencias, invitaciones y ofrecimientos que transforman nuestro entorno y delinean nítidamente aquello que algunos llamamos destino.

 

Años de cargar una mochila, pluma y papel a la mano, el pecho inflamado y presto el corazón para dejar una parte del mismo en aquellos lares donde uno hace parada.  Ya sean paradas para visitar, para convivir, para formarse –saludos a mi Salamanca querida-, o bien para encontrar las pistas que me ayuden a entender a ese ser tan misteriosamente voluble capaz de los actos más generosos y sublimes pero también de los más egoístas y trágicos: el ser humano.

 

Hoy, dos años después de haber aceptado el reto de desnudar la pluma y escribir con el alma me detengo en un mirador. Me sé observado por mis estrellas, aquellas a las que mi abuela me encomendó antes de morir. No alzo tanto la vista para no distraerme con el amplio horizonte que siempre me hipnotiza, hoy prefiero ver específicamente uno y sólo un camino en particular, un camino que me lleva hacia el sur en donde viven aquellos de quienes deseo aprender. Con unos pocos pesos en la bolsa, con mi inseparable mochila negro-azulada, mis viejas botas y mis nuevas canas siento ese nerviosismo de novel viajero. Pido por mis leales muertos y rezo por mis amados vivos. Es hora.

 

 

Escrito por Erick Aguilar

Aprendiz de ser humano, viajero en capacitación, bibliófilo consumado y sociólogo consumido

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