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De Godínez a Rodríguez: Ventajas del Home Office

Actualmente ir a trabajar se ha vuelto un via crucis que agota la mente, el cuerpo y las ganas del trabajador. Las condiciones del transporte (público y particular), las grandes distancias y la sobrepoblación han

Actualmente ir a trabajar se ha vuelto un via crucis que agota la mente, el cuerpo y las ganas del trabajador. Las condiciones del transporte (público y particular), las grandes distancias y la sobrepoblación han dado lugar a que (entre las 7 y 9 de la mañana y las 6 y 8 de la noche) haya una procesión de cuerpos deshumanizados, que lo último que pueden y quieren pensar es en el bienestar común. En cambio, se busca el bienestar del otro; ese que me empuja, me sofoca y me apretuja. Ese bienestar individual que me echa el carro encima, se mete en el carril del metrobús y entorpece el tránsito. A esto se le suman las condiciones laborales que tiene Juan Pérez, al que le descuentan mes tras mes por llegar tarde, al que el jefe le exige que se comprometa y al que se le pide estar más de 8 horas sentado frente a una computadora, en una silla incómoda o en la pelota con la que recursos humanos justifica su incursión en responsabilidad social y ética laboral. Después de todo ello, Juan se dispone a emprender la procesión de regreso a casa. Llega, si bien le va, y encuentra a sus hijos despiertos, esos por los que cada mañana se levanta y le echa ganas. Después de jugar un rato con ellos, come lo que pueda y se desmaya en la cama en la que no encuentra más que quejas por no “atender bien el changarro”.

Estas son las condiciones de miles de trabajadores que día a día nos esforzamos por tener las condiciones suficientes que nos permitan una vida digna y feliz, o al menos eso nos hacen creer. La pregunta aquí es si ¿las empresas realmente están preparadas para propiciar esto? En otras palabras ¿habrá empresas a las que realmente les importe el bien-estar de los trabajadores? En nuestro país pocas lo hacen. Existe una modalidad de trabajo que ha ganado terreno últimamente: el home office; el cual tiene beneficios para el trabajador, para el empresario y para el ambiente. Trabajar desde casa reduce las 2 o 3 horas de via crucis diarios, lo cual tiene como consecuencia un Juan Pérez menos cansado. Aporta comodidad al trabajador, ya que él puede acomodar su Dōjō laboral (ese lugar de despertar, de perfeccionamiento) a su antojo. Reduce el estrés, al no ir corriendo preocupado por el descuento por retardo. Fortalece los lazos familiares: papá y mamá están más presentes en la vida familiar. Juan vuelve a ser humano. Para los empresarios reduce considerablemente los costos: gastos de luz, agua, renta del inmueble, mobiliario, etc; si hay trabajadores felices, hay mejores resultados; hace que el trabajador se sienta comprometido con el empleador. Ambientalmente, habría menos contaminación ya que menos personas se trasladarían diariamente; no hay consumo masivo de energía, sino que éste se diversifica.

Lamentablemente, en nuestro país esta no es una opción viable. ¿Será que el  rechazo al home office obedece sólo a un impulso de saberme jefe porque puedo verte y mandarte? ¿Será que a skynet, perdón, al mercado no le conviene? Los buenos líderes no controlan sino enseñan, delegan y sueltan. En pocas palabras, el home office contribuye a una mejor calidad de vida y por ende mejor rendimiento. El home office debe tomarse en serio, si realmente creemos que venimos al mundo a vivir y no a sobrevivir.

Escrito por MERZ

yorita_zarago@yahoo.com.mx

Editado para Resilientemagazine.com

 

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